Revista de filosofía

Vistas y revistas: “El Corno Emplumado” y la(s) correspondencia(s) Colombia-México

145
CARÁTULA DE LA REVISTA EL CORNO EMPLUMADO /THE PLUMED HORN, N.º 7, 17 Y 20, 1963 Y 1967, CIUDAD DE MÉXICO.

CARÁTULA DE LA REVISTA EL CORNO EMPLUMADO /THE PLUMED HORN, N.º 7, 17 Y 20, 1963 Y 1967, CIUDAD DE MÉXICO.

 

Resumen

El artículo busca revisar la trayectoria de los autores colombianos publicados en la revista mexicana El Corno Emplumado/The Plumed Horn, ubicados entre la literatura y la gráfica nadaísta y el testimonio del guerrillero, para proponer una lectura de los sesenta. Sugiero pensar en dichos autores como “nuevos ‘sujetos de la historia’”, categoría de análisis que el teórico Fredric Jameson plantea para este período. La hoja de papel, en suma, sirvió para alojar manifiestos, conferencias, poemas, cartas y dibujos que, al ser enviados por correo postal, dieron a conocer el movimiento nadaísta entre otros jóvenes, poetas de varios países y editores de revistas latinoamericanas.

Palabras clave: nadaísmo, años sesenta, revistas, Colombia, México, El corno emplumado.

 

Abstract

The aim of this paper is to review the Colombian authors career published in the Mexican magazine El Corno Emplumado/The Plumed Horn, which ranges from literature and Nadaist graphic to the testimony of a guerrilla fighter, and thus proposing a way of understanding the sixties. For this, I suggest considering these authors as ‘new “subjects of history’”, a category that Fredric Jameson proposes for this period. The sheet of paper, in brief, served to the dissemination of manifestos, lectures, poems, letters and drawings that, when they were sent by post, made the Nadaist movement known among other young poets from various countries and editors of Latin American magazines.

Keywords: nadaism, the sixties, magazines, Colombia, Mexico, The Plumed Horn.

 

Entre julio de 1963 y octubre de 1968 aparecieron publicados en la revista mexicana El Corno Emplumado /The Plumed Horn (1962-1969),[1] varias colaboraciones de colombianos en manos de escritores, dibujantes y un guerrillero quienes, en conjunto, trazan una visión de los años sesenta desde unos sujetos inconformes con el orden reinante en el país. La mayor participación recayó en el nadaísmo, movimiento cultural que se asumió de avanzada, conformado por escritores y escritoras, artistas plásticos y músicos. Encarnaron la transgresión, la irreverencia, el antidogmatismo y el desprecio de los valores imperantes no solo en la literatura y las artes, sino en el conjunto de la sociedad. Margaret Randall y Sergio Mondragón, fundadores y editores de El Corno Emplumado, además, acogieron a otros autores colombianos recomendados por el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal y, hacia 1968, dieron espacio a una carta enviada desde la clandestinidad, año en el que cierra la contribución colombiana.  

El artículo propone pensar en los colaboradores colombianos de la revista como “nuevos ‘sujetos de la historia’”,[2] una de las categorías de la nueva izquierda en las que se apoya Fredric Jameson para interpretar “los sesenta” en relación con un largo y global periodo que articula distintos hechos en apariencia distantes. Para el teórico literario, los sujetos son nuevas voces colectivas, que a su vez desarrollarán nuevas fuerzas sociales, personificadas en los estudiantes, los negros, las mujeres, el revolucionario guerrillero (creado del sustrato social del campesino, el obrero y el intelectual) y los pueblos del Tercer Mundo. Esos sujetos, en el contexto colombiano, lo representan los nadaístas, jóvenes de clase media, muchos sin aspiraciones a una formación universitaria, que provienen de ciudades provinciales. También, según Jameson, puede estar encarnado en el guerrillero revolucionario, en este caso, un joven que ha salido del aula universitaria para internarse en el monte profundo. Son voces desobedientes, incómodas en su escritura y en su forma de obrar por su resistencia a verse encorsetados por las conductas sociales y políticas de la época. 

Cuando comienza a circular El Corno Emplumado en 1962, el nadaísmo se estaba diseminando entre jóvenes de varias ciudades provinciales que se identificaban con los postulados del movimiento nadaísta que, entre otros, advertía cómo agonizaba “una sociedad decadente que se derrumba estrepitosamente con sus ídolos, sus adoraciones, sus mitos estéticos y políticos y la ingenua fe de sus mayores”.[3] Un año antes de crearse el nadaísmo, recrudeció la violencia en Colombia, se intensificaron las protestas, la muerte de estudiantes y, en general, se llegó a una alteración del orden público por la caída del dictador general Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957). Es decir, 1957 era el espejo de los tiempos pasados y futuros en los que la modernización cultural y la violencia en el campo y la ciudad son procesos concomitantes.

El escritor Gonzalo Arango (Andes, Antioquia, 1931-Gachancipá, Cundinamarca, 1976) fundó el nadaísmo en la Medellín de 1958, una ciudad refractaria al cambio y de marcada religiosidad católica. El acto de creación consistió en una quema de libros, la lectura pública del Primer manifiesto nadaísta por Arango, expresión de la irreverencia por su lenguaje directo y mordaz contra la Iglesia católica, el Estado colombiano, la hispanización del país, la educación confesional y la tradición literaria nacional. Arango, luego, llevaría a cabo una intensa labor de difusión de sus ideas y emprendió una “gira nadaísta” por pueblos, ciudades intermedias y capitales de departamento. Cuando el poeta decidió marchar a Bogotá en 1961, el nadaísmo ya era una realidad en Medellín y Cali, las dos ciudades en la que sus integrantes contribuyeron, sin duda, a su consolidación.En ese entonces, Arango opinaba que las ciudades fundamentales, “fortalezas invulnerables del nadaísmo”,[4] eran Cali, Medellín, Pereira, Cartagena y Barranquilla. Fue tan entusiasta su labor de promotor que dedicó muchas horas a escribir cartas, con poemas anexos, en las que presentaba a los jóvenes escritores del movimiento. Esto significó un despertar para otros jóvenes, una motivación para congregar diversos clamores que antes no se habían oído entre sí. La hoja de papel sirvió para alojar manifiestos, poemas, dibujos y cartas que, al ser enviadas por correo postal, creaban una red de relaciones entre poetas y editores de revistas latinoamericanas. Fue la forma de sortear la extranjería de la cual Arango se quejaba con los editores Randall y Mondragón: “Es una iniquidad que estemos tan lejanos, que Colombia no tenga noticias de ustedes, no se imaginan hasta dónde somos extranjeros ustedes y nosotros”.[5] Un memorable encuentro, resultado de las relaciones que posibilitaba El Corno Emplumado, sucedió con Raquel Jodorowsky, poeta oriunda de Chile. En carta a los editores, Arango expresó su interés en conocer a la poeta hasta que logró que la invitaran a Cali, al IV Festival Nacional de Arte de 1964, donde se conocieron por primera vez. Jodorowsky fue recibida y aclamada por sus seguidores nadaístas, dictó una conferencia y un recital poético. Un mes después, ella, escribiría una epístola, contando su experiencia a los editores de El Corno: 

Dicté una escandalosa conferencia. Grité mi poesía desde escenarios. Me asaltaban en las calles para pedirme autógrafos […] El grupo nadaísta es un milagro. Por algo son muy combatidos. Yo nunca había visto un pueblo entero viviendo la exaltación de la poesía como un partido político. Después de mi recital, traté de salvarme de la efusión caleña y me refugié en mi cuarto a oscuras en el hotel. Me asustó el éxito. O el ruido de la muchedumbre.[6]

GONZALO ARANGO, PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN (ATRÁS) Y ELMO VALENCIA (DER.) RECIBEN A RAQUEL JODOROWSKY EN EL AEROPUERTO DE CALI, INVITADA POR EL IV FESTIVAL NACIONAL DE ARTE, 1964, CALI, COLOMBIA. FOTO: ARCHIVO DE JOTAMARIO ARBELÁEZ.

GONZALO ARANGO, PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN (ATRÁS) Y ELMO VALENCIA (DER.) RECIBEN A RAQUEL JODOROWSKY EN EL AEROPUERTO DE CALI, INVITADA POR EL IV FESTIVAL NACIONAL DE ARTE, 1964, CALI, COLOMBIA. FOTO: ARCHIVO DE JOTAMARIO ARBELÁEZ.

 

El Corno Emplumado sirvió de puente entre ámbitos que podían verse distantes, a saber: la poesía de un sacerdote católico (Ernesto Cardenal o William Agudelo) y la prosa de un guerrillero (Hernando Hermías Ruiz). Dio a conocer la poesía latinoamericana en Estados Unidos, en particular la cubana, que, en tiempos de Guerra Fría, resultaba ser todo un ejercicio de penetración política a la inversa, sur-norte, y por la vía poética. El repertorio de poetas editados durante ocho años muestra no solo que lograron abarcar el territorio americano, sino que hubo una conexión transatlántica que se evidencia en el archivo de cartas que custodia el Harry Ransom Center en la Universidad de Texas en Austin. Sin embargo, con los años se empezó a notar que cada número efectivamente eran dos revistas: muy pocos fueron estrictamente bilingües y las editoriales mostraban diferencias políticas, ideológicas y literarias entre la pareja de esposos. La parte en en inglés de la revista resultó siendo de izquierda en manos de Randall, a quien le interesaba cambiar las actitudes conformistas con una creación rebelde más consciente de la realidad social y política; y la parte en español, al frente de Mondragón, quien se encargaba de gran parte de los contactos latinoamericanos, promovía la revolución espiritual involucrándose cada vez más con el budismo.[7] 

Randall señaló que su primer viaje a La Habana en 1967 le “cambió totalmente la vida”. Ese “tocar” el socialismo de forma directa, ya no mediado por una carta o un libro, recibió un segundo impacto cuando al año siguiente, de nuevo en Cuba, en el Congreso Cultural de La Habana, conoció poetas latinoamericanos que El Corno Emplumado no habían publicado. Allí se percató de que la despreciaban por ser “una revista ‘liberal’, muy pobre en su actitud de lucha, demasiado ‘progresista’, demasiado ‘abierta’, demasiado ‘hombre nuevo’, al estilo de la Unión Panamericana, pero no hombre nuevo al estilo del Che Guevara”.[8] En esos años, desde la oficina de Rafael Squirru, director del Departamento de Asuntos Culturales (1963-1970) de la Unión Panamericana, se difundió una idea apolítica de “hombre nuevo” en defensa de la libertad, alineada con la política cultural exterior estadounidense: “ellos no hablan de izquierdas y derechas. Hablan de lo viejo, lo caduco que se debe ir, y de lo nuevo que debemos contribuir a que nazca. […] Los hombres nuevos tienen fe en los gobiernos democráticos entendidos como expresión de la opinión mayoritaria del pueblo pero respetando a aquellos que piensen distinto”.[9] En cambio, el hombre nuevo en los términos del Che Guevara representaba el valor moral y el motor de la sociedad comunista. Lo paradójico es que bajo la ideología anticomunista de Squirru y del ente multilateral, recibieron apoyo los movimientos de renovación poética del continente, en particular las revistas Eco contemporáneo y El Corno Emplumado y escritores como Gonzalo Arango.[10] Pero, en el caso de la revista mexicana, se produjo una situación límite. Cuando los editores decidieron publicar una selección de poesía cubana, en julio de 1963, que, además, coincidió con la primera aparición del nadaísmo en la publicación, la introdujeron con un fragmento de “Palabras a los intelectuales” de Fidel Castro. Inmediatamente Squirru reaccionó defendiendo su revolución espiritual, en contra del “mamarracho soviético”[11] que para él terminaba siendo la Revolución cubana. Esta situación, sin duda, significó un cambio en el tono epistolar y una afectación a las finanzas enviadas desde Estados Unidos para El Corno Emplumado.

La participación colombiana abarca 18 números, de los 31 que conforman la historia de El Corno Emplumado. Se encuentran autores nadaístas, un poeta seminarista católico de la teología de la liberación, un escritor que dice ser militante comunista enemigo del nadaísmo, un poeta anónimo y un guerrillero muerto en combate. Por la mediación de Ernesto Cardenal, publicaron poemas de William Agudelo, el seminarista colombiano que le ayudó a fundar Solentiname,[12] al sur del Gran Lago de Nicaragua, y uno extenso, de escritor anónimo, sobre una historia de violencia en el campo que solo bajo el verso libre podía dar a la luz esa denuncia. En sus memorias, Cardenal confesaría tiempo después que el autor era el poeta de Medellín Eduardo Perilla de Medellín y que él colaboró en su escritura. Perilla publicó sin revelar su nombre por temor a que lo mataran por la barbarie que el poema delataba. Y, por último, en la sección central de la revista, la de contenido literario, incluyeron una carta enviada desde las montañas de Colombia por el guerrillero Hernando Hermías Ruiz, egresado de medicina, miembro del movimiento político creado por el cura Camilo Torres. En su relato vivencial, directo y crudo, dirigido a un excompañero de clase, habla de las adversidades de vivir en el monte siendo alzado en armas y sometido a un mando militar. El mesianismo que guiaba esta acción revolucionaria se nota en sus palabras, pues el autor está convencido de que ofrendar la propia vida se justifica para ver surgir una sociedad mejor. 

En el séptimo número de la revista, el nadaísmo hará su debut con un fragmento del “Manifiesto nadaísta” de Gonzalo Arango, un escrito posterior al primer manifiesto, y dos poemas de J. Mario y X-504,[13] quienes vivían en Cali y Medellín, respectivamente. El tono nihilista sobre la naturaleza del ser nadaísta se expresa en este manifiesto escrito en tiempos de crisis de misiles nucleares: “todo lo que tenemos para ofrecerle a la juventud es la locura, pues es necesario enloquecernos antes de que llegue la guerra atómica. El hombre será arrasado por el hombre, la humanidad se irá de su sitio y volverá a la nada”.[14] Los manifiestos dieron lugar a una suerte de aforismos que daban acento sarcástico a la génesis del movimiento mediante un juego místico-existencialista de palabras que probablemente abrevaban de las ideas de Jean-Paul Sartre: “[..] primero fue la Nada y después Adán. Por esta razón el Ser es la Nada invertida. […] Entre el Ser y la Nada los nadaístas nos quedamos con Eva y la Manzana de la vida”[15] (cursivas en el original).

El Corno Emplumado significó una ruta de entrada a Colombia de los lenguajes y el espíritu de lo que se consideraba “vanguardia” en esos años, no solo en la poesía, sino en la plástica. El uso del término pretendía señalar una nueva era de exploración de elementos de ruptura con la tradición inmediata. La palabra se la apropiaron de la historia de la vanguardia para desafiar el conservadurismo y el nacionalismo que, para los nadaístas, significaban las fuerzas del estancamiento en Colombia. Y lo hicieron con su propia presencia. El poeta provocaba las normas sociales establecidas al compaginar arte y vida con sus irreverencias que saltaban del papel a la calle. En ese ámbito, la actitud consciente de ruptura la tildaron de vanguardia. Los artistas plásticos Pedro Alcántara Herrán (Cali, 1942) y Álvaro Barrios (Barranquilla, 1945) concuerdan en señalar que el primer ejemplar de El Corno Emplumado en sus manos significó el encuentro con la neofiguración, para ellos, un lenguaje gráfico de vanguardia. Randall y Mondragón, desde la Ciudad de México, abrieron espacio en sus páginas a dibujantes, grabadores y fotógrafos del continente y lograron crear una visualidad por la composición de los textos, el dibujo, el collage, la fotografía y la poesía concreta. 

La presencia de artistas plásticos en El Corno Emplumado es excepcional, uno de los capítulos menos explorados en los análisis sobre el nadaísmo. Sin duda, la revista mexicana es quizás la única publicación internacional que publicó el ala gráfica del movimiento, conocido ante todo por ser literario. Álvaro Barrios y Pedro Alcántara Herrán enviaron sus dibujos desde Barranquilla y Cali, cuando cada uno tenía 23 y 20 años de edad, autodeclarándose nadaístas y proponiendo una gráfica imbuida de absurdo, humor y terror ante la crueldad de la violencia. En la misma época, ambos colaboraban con publicaciones dirigidas por jóvenes poetas en las ciudades de Pereira y Cali: La Viga en el Ojo. Revista de Vanguardia (1965-1966) de Eduardo Escobar y Ojo Pop. Una revista insólita (1965) de Jotamario Arbeláez. Alcántara y Barrios también ilustrarían manifiestos y libros de poesía. Es importante su presencia gráfica en la revista Nadaísmo 70. Revista americana de vanguardia (1970-1971) creada por Gonzalo Arango y Jaime Jaramillo (X-504). Esta publicación, de ocho números en total sin una clara periodicidad, era de pequeño formato (13.5 x 18.5 cm), con un promedio de cincuenta páginas, impresión offset, textos a una, dos o tres columnas, poesía visual, poemas, manifiestos, dibujos, fotografías, testimonios, caricaturas, reproducción de obras visuales, combinaciones topográficas, intaglios y anuncios publicitarios en relación con la propuesta gráfica editorial. Esta fue la revista que tanto buscó fundar Arango y, cuando lo logra, varias de las revistas culturales latinoamericanas, con las cuales mantuvo un intenso intercambio epistolar, ya no circulaban.

PORTADA DE LA REVISTA FOLLETO OJO POP. UNA REVISTA INSÓLITA, 1965, CALI, COLOMBIA. ARCHIVO DE HERNANDO GUERRERO.

PORTADA DE LA REVISTA FOLLETO OJO POP. UNA REVISTA INSÓLITA, 1965, CALI, COLOMBIA. ARCHIVO DE HERNANDO GUERRERO.

La primera aparición de los artistas plásticos nadaístas en las páginas de El Corno Emplumado la hizo Alcántara, en enero de 1965, con una serie de dibujos en los que incluye frases, al estilo de las bienaventuranzas, cargadas de una crítica punzante. Ante la crueldad de los hechos vividos durante la violencia en Colombia, lo mínimo que esperaba el artista en un país tan católico, era que los jerarcas de la Iglesia profirieran una súplica compasiva por tantas víctimas. Luego, Álvaro Barrios, quien se interesó en sostener una amistad con los editores escribiéndole a Sergio Mondragón, logró que le publicaran sus dibujos en cuatro números (15, 17, 20 y 21), entre 1966 y 1967, un período que él mismo ha llamado “nadaísta” en su carrera artística. Así lo recuerda: “Mi ingreso al nadaísmo en los años sesenta fue una forma de canalizar mi inconformismo con la situación social, política e intelectual de América Latina. En la literatura no había muchos espacios para expresiones experimentales y yo quería apoyar, en la medida de mis posibilidades, las ideas que proponían verdaderos cambios en este sentido”.[16] Recurrió al lenguaje de la historieta gráfica creando escenas que pueden considerarse surreales o sin un aparente sentido. Con pocas líneas, entremezcla partes del cuerpo humano y escribe unas breves sentencias que aluden al nadaísmo. La última colaboración de Barrios, en 1967, consistió en una historieta gráfica en la que hace uso del collage. En seis páginas, sin un orden secuencial, crea escenas de horror en las que las colas de los globos apuñalan y atraviesan los cuerpos. Se ven cuerpos mutilados, los personajes Mandrake y Doña Ramona, y su autorretrato en la última viñeta: “Lo que yo enviaba a México no estaba ligado directamente a mi obra de aquel tiempo, aunque allí están los elementos que le dieron forma y concepto a mi trabajo artístico: el cómic, el collage, el texto era protagonista esencial de la idea y mis autorretratos, la presencia reafirmante de mi actitud contestataria”.[17]

DIBUJOS DE PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN EN EL CORNO EMPLUMADO /THE PLUMED HORN, N.º 13, ENERO, 1965, CIUDAD DE MÉXICO.

DIBUJOS DE PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN EN EL CORNO EMPLUMADO /THE PLUMED HORN, N.º 13, ENERO, 1965, CIUDAD DE MÉXICO.

Barrios, desde muy temprana edad, se aficionó a coleccionar historietas de los diarios y una sentencia que lo estimuló y tuvo en cuenta se la leyó en ese entonces a Alejandro Jodorowsky, autor de las Fábulas pánicas o El incal. Decía que la tira cómica era el “arte del futuro”[18] y la literatura más leída. En la carta con la que envió la mencionada historieta, le hace saber a Sergio Mondragón de esta búsqueda gráfica que le permite hablar de la tira cómica en cuanto “pintura literaria”:

[…] Hoy, recuperado de miles de cosas, logro tomarme el tiempo para enviarte estos dibujos que son también un saludo y un estrecho abrazo. Ellos, como estás observando, han sido concebidos formalmente como una tira cómica, aunque carecen de una continuidad característica de ella. Aquí cada encuadre es una realización aislada con apariencia de tira cómica.

No sé si compartes conmigo, Sergio, la idea de que —en medio de su aparente intrascendencia— las tiras cómicas están abriendo un nuevo insospechado camino al artista actual, que conlleva una doble función: la plástica y la literaria. La tira cómica es una negación a aquello de que no se puede o no se debe hacer una “literatura pictórica” o una “pintura literaria”. […].[19]

Sin duda El Corno Emplumado /The Plumed Horn era más que una revista. Constituyó una red de relaciones que se hizo evidente en la sección “Cartas /Letters”, un espacio en el que los nadaístas ven un escenario común, una sincronía, unas ideas compartidas con otros grupos latinoamericanos (El Techo de la Ballena de Venezuela, Los Tzántzicos de Ecuador, Los Mufados de Argentina, y por supuesto El Corno) que los estimulan a construir vínculos, a crear una red de amistad, y por ende reducir su aislamiento debido a que los integrantes más activos del movimiento no habían logrado viajar fuera de Colombia. En esos dieciocho números de colaboraciones, entre la literatura y la gráfica, la teología de la liberación y el testimonio de la escritura clandestina, aparecen esos nuevos sujetos situados en márgenes bien distintos que solo un proyecto editorial como el que lideraron Margaret Randall y Sergio Mondragón podía darles cabida sin distinción. Esta lectura de la Colombia de los años sesenta desde El Corno Emplumado habla de las urgencias que hicieron emerger al movimiento nadaísta, al movimiento guerrillero y a la teología de la liberación,[20] desde la provincia y el monte profundo. El manifiesto y el testimonio expresados en la hoja de papel revelaron el inconformismo desde orillas opuestas. Ambas declaraciones, en suma, manifestaron el deseo, el clamor de una voz colectiva de que el orden de las cosas no podía seguir igual.

 

Bibliografía

  1. Alape, Arturo, La paz, la violencia: testigos de excepción, Planeta, Bogotá, 1999.
  2. Arango, Gonzalo, Primer manifiesto nadaísta, Tipografía Amistad, Medellín, 1958.
  3. ___________________, “La poesía nadaísta de Colombia”, Américas 15 (Washington), n.º 12, diciembre, 1963.
  4. ___________________, “Desquite”, La Nueva Prensa (Bogotá), 4-10 abril, 1964.
  5. ___________________ et al., De la nada al nadaísmo, Bogotá, Tercer Mundo, 1966.
  6. Barrios, Álvaro, “Génesis de una idea”, Re-vista del arte y la arquitectura en América Latina (Medellín), n.º 6, 1981.
  7. Calvo Isaza, Óscar y Parra Salazar, Mayra, Medellín (rojo) 1968. Protesta social, secularización y vida urbana en las jornadas de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Medellín, Alcaldía de Medellín y Planeta, 2012.
  8. Cardenal, Ernesto, Las ínsulas extrañas: memorias II, México, Fondo de Cultura Económica, 2003.
  9. Crespo, Regina, coord., Revistas en América Latina: proyectos literarios, políticos y culturales, Ciudad de México, UNAM-Clacso, 2010.
  10. “El Corno Emplumado. Un homenaje”, Generación tercera época (México), n.º 61, 2005.
  11. Escobar, Eduardo ed., Manifiestos nadaístas, Bogotá, Arango Editores, 1992.
  12. García Gómez, Angélica, “El efímero pánico”, archivo virtual Artes Escénicas, 2007, consultado 18 de septiembre, 2018, http://artesescenicas.uclm.es/index.php?sec=texto&id=66.
  13. Jameson, Fredric, “Periodizing the 60s”, Social Text. The 60’s without Apology, n.º 9/10, Spring-Summer, 1984.
  14. Llano Parra, Daniel, Enemigos públicos: contexto intelectual y sociabilidad literaria del movimiento nadaísta, 1958-1971, Medellín, Universidad de Antioquia, 2015.
  15. Mondragón, Sergio, “La vanguardia en los años sesenta”, La otra. Revista de poesía + artes visuales + otras letras, consultado 18 de septiembre, 2018, http://www.laotrarevista.com/2009/01/latinoamerica-vanguardia-los-sesenta/
  16. Moreano, Alejandro, “Los presentes. El Nadaísmo”, La Bufanda del Sol (Quito), n.º 1, junio, 1965.
  17. Randall, Margaret, Cohen, Robert y Castro, Nils, “Historia del Corno”, Revista de la Universidad de Oriente (Santiago de Cuba), diciembre, 1970.
  18. Silva Ibargüen, Gabriela, “Texto, contexto e índices de El Corno Emplumado (1962-1969)”, tesis de maestría, El Colegio de San Luis, 2017.

 

Notas

[1] Sobre la historia de El Corno Emplumado /The Plumed Horn ver Gabriela Silva Ibargüen, “Texto, contexto e índices de El Corno Emplumado (1962-1969)”, tesis de maestría, El Colegio de San Luis, 2017.
[2] Fredric Jameson intenta situar distintos modos en que se han descrito “los sesenta”, según ciertas lecturas y distintas “visiones de la Historia”. Por ejemplo, la emergencia de nuevos “sujetos de la historia” tiene su concepción más en Herbert Marcuse. Y desde la perspectiva de Michel Foucault, el derecho a hablar con nueva voz colectiva. De esa forma se resistían ante los intermediarios, voces legitimidas como la del intelectual, que pretendía hablar en nombre de las minorías. Fredric Jameson, “Periodizing the 60s”, Social Text. The 60’s without Apology, n.º 9/10, Spring-Summer, 1984, 181.
[3] Gonzalo Arango, Primer manifiesto nadaísta, Medellín, Tipografía Amistad, 1958, 31. Archivo de Jotamario Arbeláez.
[4] Gonzalo Arango, “Querido Sergio. El Monasterio, Bogotá”, ca. 1964, texto mecanografiado, colección El Corno Emplumado, Harry Ransom Center, University of Texas at Austin.
[5] Gonzalo Arango, “‘Cornos Emplumados’”, ca. 1963, texto mecanografiado, colección El Corno Emplumado, Harry Ransom Center, University of Texas at Austin.
[6] Raquel Jodorowsky, “Cartas. Lima, julio 21, 64”, El Corno Emplumado /The Plumed Horn (México), n.º 12, octubre, 1964, 97.
[7] Margaret Randall, Robert Cohen y Nils Castro, “Historia del Corno”, Santiago. Revista de la Universidad de Oriente (Santiago de Cuba), diciembre, 1970, 110-111. Mi agradecimiento a Gabriela Silva Ibargüen por facilitarme este documento en el contexto de su tesis de maestría “Texto, contexto e índices de El Corno Emplumado”.
[8] Randall, Cohen y Castro, “Historia del Corno”, Santiago. Revista de la Universidad de Oriente, 115.
[9] Rafael Squirru, “Tengo fe en el hombre nuevo”, Américas 15 (Washington), n.º 7, julio, 1963, 1.
[10] Para Rafael Squirru, Gonzalo Arango representaba ese “hombre nuevo”, a quien conoció en Bogotá, en 1963, y lo invitó a escribir en la revista Américas (1949-2012) de la Unión Panamericana. El artículo se publicó bajo el título “La poesía nadaísta de Colombia”, Américas 15 (Washington), n.º 12, diciembre, 1963, 28-31.
[11] Rafael Squirru, “Querido Sergio. 1 de julio de 1964. Pan American Union”, texto mecanografiado, colección El Corno Emplumado, Harry Ransom Center, University of Texas at Austin.
[12] Solentiname era una comunidad semimonástica fundada por el poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, de artistas y campesinos, y de visitantes, dedicada a la práctica renovada del evangelio, el trabajo y la meditación. Exposición “Ernesto Cardenal Papers”, LLILAS Benson Latin American Studies and Collections, 16 de noviembre, 2016, Austin, Texas.
[13] J. Mario: Jotamario Arbeláez (Cali, 1940). X-504 es el seudónimo nadaísta del poeta Jaime Jaramillo Escobar (Pueblorrico, Antioquia, 1932).
[14] Gonzalo Arango, “Manifiesto nadaísta”, El Corno Emplumado /The Plumed Horn, n.º 7, julio, 1963, 92.
[15] Gonzalo Arango, “Nadalogía del nadaísmo”, en De la nada al nadaísmo, Bogotá, Tercer Mundo, 1966, 80.
[16] Álvaro Barrios, correo electrónico con la autora, 10 de octubre, 2018.
[17] Idem.
[18] Álvaro Barrios, correo electrónico con la autora, 5 de junio, 2013.
[19] Álvaro Barrios, “Querido monje Sergio Mondragón. Barranquilla, agosto 10 de 1966”, texto mecanografiado, colección El Corno Emplumado, Harry Ransom Center, University of Texas at Austin.
[20] Tal como lo señala la investigación de los historiadores Óscar Calvo y Mayra Parra, en Medellín, a mediados de los años sesenta, “el misionero urbano transformó su visión religiosa y sus prácticas pastorales en contacto con la vida cotidiana y el trabajo de los habitantes del barrio, influenciado por la palabra renovadora de Germán Guzmán Campos y el misticismo revolucionario de Camilo Torres Restrepo”. Óscar Calvo Isaza y Mayra Parra Salazar, Medellín (rojo) 1968. Protesta social, secularización y vida urbana en las jornadas de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Medellín: Alcaldía de Medellín y Planeta, 2012, 157.