Revista de filosofía

Poemas

485

 CARAVOSZ-enqueodes

Maricarmen Rodríguez

 

CARTAVOSZ[1]

(A mi madre, vocativa)

a mí me persigue una voz que,
como el repiqueteo de una campana,
sigue sonando insistentemente en el aire como
mensaje en clave de una región transparente y
fabulosa

LEOPOLD SACHER-MASOCH

 

Posdatas

Posdata I (cartavosz)

Cartavosz suena
a cartapacio, madre,
a cartulario
a cartero real
gritando un nombre
a vosz en cuello
a pregón del que viaja
por sitios
que ya no serán sueños
–que lo sitian
entre muros terribles
en el extraño fuero
de una lengua inasible.

Suena a mensajes
que todo lo enmarañan
suena a lo que es
: este imposible.

 

Posdata II (entre enques y odes)

Enques se cuelgan en la soga
se humedecen
se enmudecen, madre,
en qué saliva en qué
tan baboseados
por odes del otro
por hados del otro
por pulseadas
de oleajes encontrados
allí donde se quedan
en la punta del labio.

Enques y odes se esquirlan
se sueldan se entreveran
en el refugio de un reflujo
o en el vado, madre,
en ese vado
del beso que desmaya
desbocado.

 

Enques

En que ser desierto

Tiene una suavidad
la desertura
como anegada a luminarias
que acontezcan
trencen alturas
lindeen el signar
con su osatura
de adiestrarle infinitos
a las sienes
con pupilas de espacio
diferidas
a la mar que vislumbran.

Tiene una suavidad
en su mortanza
del arramblarse, madre,
arena blanca
en ciudades sin vosz
–silenciaduras
de no avenir la cifra
de una alianza
donde un perdido hallar
echa la suerte
de hilar la vera faz
transparenciada

::

Suavidadez de andar
en lenguaradas
y herir como al pasar
de muerte al alba
–salivadez menuda
cosmonauta
de un todo penetrar
por la garganta
al besar en la luna
la palabra
(obscura)
que distrae el trazar
de la escriatura.

Sualvidadez de olvido
de insaudarse en la marca
que los alíseos borran
en su estarse
de almas
allí donde el desuelo
desde el fondo del agua
espejiza el brotar
de una luz mala
aturdida llevando
nombrado el infinito
en andas.

Tiene una suavidad
de no ser sino
de no serse en vacío
sino nada
en nada
cobijando en el propio
negativo
techumbres de demora
abroquelanzas
ripios
que se abuelen fugaces
en las luces
de un claror
ambiguo.

Tiene de suave el ser
saber no serse
en dormido el laurel
de su espesura
si el acecho se impía
o el hechizo madura
en tableros de un Hypnos
adventicio
–en ritmos
de hincar el diente
en animales laxos
que trepan por el borde
del abismo.

Tiene suaviza
en los talones, madre,
la desertura
de perderse en algas
tiene quizabes
con su huera malva
resbaladuras
de yacencia / claves
para la ausencia de ojo
que en furor
la aguarda.

(…)

Tiene una suavidad
la desertura
sin estertor
cuando la muerte
anuncia
/
tiene en su suavidad
canción de cuna
para un espejo roto
en la costura.

 

 

En que se puja en oración de riego

(vía Pilar Jara)

Que sangre, madre,
que sangren los verdores
la grisura
la beatitud celeste
y su fisura
la homonimia y sus redes
los adredes
los flancos de los fuelles.

Que enrubecidos
los tubérculos del cielo
carmineen la luna
hasta su espejo
y que sangricen, madre,
los labios entre hierbas
de las siete
sangrías capitales.

Que en cuentas de rosario
contable sea el tiempo
de los astros
en rizos de Eritreo
–curvatura en oleaje
de bien rodar y airear
sangre de mar
(profunda
y que no llegue al río)
/ sangre de erizo
eremita
ardiendo iluminado
en la clamura
de su llama viva.

Que sangre, madre,
y puje y aligere
restañaderos de alaridas
rancias
quejumbrancias
del eje roto hasta su ser
(exangüe)
desierto a mares
//
sangre el que anuncia,
madre,
sangre el ángel
–sanguificado sea
su nombre hasta los ayes
a vosz en cuello
a vosz en grito
a vosz
de cantar de los cantares.

(…)

O latidos acudan
en pulsar coralino
de la faz de Eritreo
en su pelaje ígneo
desde el ser de la vosz
hasta ser
: sangre de vosz
la azulejo embermejada
la bullida o la dada
arrebolada
–reclamura del ángel
desplegando
la espesura del ala.

O sangre, madre,
y como río fluya
y sepa a él llegarse
y Moisés nos sanguifique
y salve
se precipite en catarata y fugue
en el su ritmo
de pujar de nos
de vosz en vosz
hasta el anclaje
del erizo en almas
del buen aire acostar
mecer el puente
(llave)
o calar puntos de fuga
en sinfonía
de afirmar la nave.

(…)

Y con sangre se escriba
lo que mi escriba
escribe
sudando sales
de esta lágrima del valle
que en su ser continent
se empecina
y no desborda, madre,
y que desborde, digo,
el dique el gozne
de la ermita / el trazo
de sangraderas fictas
//
que desborde / que fluya
en regueros de sí
se abra caminos
y alimente en latido
su rebaño
por pastos de marfil
al rojo blanco.

 

Odes

O dél, herido en cuanto a su lengua

(vía Gustavo Lanzaro)

De lengua herido, madre,
me dijo que venía
–tenía el aire ausente
y el agua en esa línea
en que los barcos
de horizonte naufragan
y no encuentran
la tierra que él llevaba
: terruño de terrores
o pasados
con hortensias blancas.

De lengua herido, madre,
lamía los instantes
–relicarios
de vosz es en bajío
por enmudarle al labio
la vera o vosz frondosa
de gran calar el pozo
imaginario
donde solo lo obscuro
se allegara
y embarcara su estoria
de diluvios
hasta el ser en su ser
cuarto creciente
de larvales alas.

Y entre madréporas
de lengua máter
se iba de heridas
aherrojando sangraduras
–cismas
que al acaso lamía
por los panales
de otras lenguas / migas
de recamar caminos
con que a la suya
iba en volviendo, madre,
malherido
de no haberse en palabra
o de no haberla en sí
: de su dessignio.

(…)

Marherido en la lengua
con la suya la suya
se lamía
por masherirla bien
en bienquerida
con dulce habla
de pacer papilas
por recovecos
de su embrión –en cinta
de apalabrar la luz
(vuelo nocturno)
protegiendo del sueño
las pupilas.

Cunero en la su lengua
lamía una palabra
(la troceada)
y en las otras le hablaba
: pentecostés de fuego
para el rito
de naufragar al horizonte
llano
y al naufragio consigo
o construirle
a la mirada, madre,
curvaturas de trino
o construirle, madre,
a la miranda
balbuceos de aullido
hasta el hondor de vosz
o caladura
de inscribirse en abismo.

(…)

Malherido en la lengua
con la suya la suya
se lamía
y en nombradura
de pesares, madre,
mashería una lengua
biennacida

Y las palabras
las pupilas, madre,
se nacían de sigo

y él las pacía
en su silencio amplio
con su cayado sabio
de solsticios.

 

Ode madrugada

De madrugada
madrugada es sismo
del huevito del día
que no estalla
resueno de requiebros
que mutilan
la incerteza del alba.

Y se suspende el aire
se suspenden
las guerras las manías
los corsarios
la orilla de las zarzas
los repliegues
del engaño leal
y sus contrarios
/ de madrugada, madre,
las luces de los puertos
se me apagan
y las puertas traversas
me niegan
tesoros del secreto
de una aldaba.

De madrugada
todo es signo de ángel
temblando en la montaña
signo de luz mentida
signo de alma
signo de alma deshecha
de algas deshechas
de algo
deshecho en los desechos
del lenguaje
/ de madrugada
el vaciamiento invade
la menipea el tejido
la trama los zurcidos
las vocales
y el pavor consonante.

Y lloran, madre,
lloran
trocitos de colores
reencarnados
lloran un mar de reflejos
sin espejo
y un hilito de muerte
que los ata
que los condena, madre,
los condena
a trasmigrar en falso
por las almas que no
las que no cesan
por mentido el candor
de los osarios.

De madrugada
se inversan las razones
del pasado
se despeñan los astros
y en volandas
se arrebolan las alas
del presagio.

Y todo es cuenco cuenco
fingido cuenco
de un vacío sin aire
resudación sin superficie
fauces
sin agua va ni viene
sin retorno
sin límites vocales
/ y todo es cuenco
sin contorno, madre,
sin andador ni arenas
sin hechizos lacayos
sin un haber de sed
de memorias del ser
de un relicario.

Y no hay sutura, madre
–no de madrugada–
y no hay puntos
de encuentro
no hay distancias
ni bordes de un espacio
que encuadrara
la mutación de todo
lo innombrado.

Y no hay sutura, madre
–no de madrugada–
ni mano que suture
ni cuerpo que abrigara
con un trazo
la premura de un grito
acorralado.

Acorralado, madre,
acorralado
de madrugada, madre,
acorralado
por el almita en pena
de aquel vacío cósmico
innombrado.

De madrugada, madre
–y sin huellas del ser–
Acorralado, madre
el grito gris sin vosz
que no halla sed
de estarse en pie

de andar al sesgo
del lenguaje herido
sin perder el bies.

 

[1] Extractos