Revista de filosofía

La rosa cósmica

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Resumen

Heinrich Khunrath fue un médico alemán que dedicó gran parte de su vida al estudio de la alquimia. Su obra más conocida fue el llamdo Amphitheatrum Sapientiae Aeternae (Anfiteatro de la Sabiduría Eterna), una obra compuesta por imágenes y escritos mágicos, filosóficos y católicos, la cual fue publicada en Hamburgo en 1595. Este artículo pretende develar de una forma muy básica la imagen “La Rosa Cósmica”, de Heinrich Khunrath, realizando primeramente un bosquejo simbólico que parte de una traducción del contenido de la imagen, para luego comprender el contenido y el sentido alquímico y religioso de la misma.

Palabras clave: alquimia, cosmos, rosa, unidad, Khunrath, Amphitheatrum Sapientiae Aeternae.

 

Abstract

Heinrich Khunrath was a German doctor who devoted great part of his life to the study of alchemy. His best-known work was the so-called Amphitheatrum Sapientiae Aeternae (Amphitheater of Eternal Wisdom), a work composed of images and magical, philosophical and Catholic writings, which was published in Hamburg in 1595. The following article aims to reveal in a very basic way the image “The Cosmic Rose” by Heinrich Khunrath, first making a symbolic sketch following a translation of the content of the image, to understand the alchemical and religious content and meaning of it.

Keywords: alchemy, cosmos, rose, Khunrath, oneness, Amphitheatrum Sapientiae Aeternae.

 

El siguiente artículo pretende develar de una forma muy básica la imagen “La Rosa Cósmica” de Heinrich Khunrath realizando un bosquejo simbólico y una traducción medianamente contextualizada para comprender el contenido de esta. Comenzaré por dar algunos datos biográficos del autor y una breve descripción de su obra más conocida. Heinrich Khunrath nació en el año 1560 en Dresde, Alemania. Estudió medicina y su práctica radicó en la alquimia. Fue discípulo de Paracelso. La obra más conocida de Khunrath fue su Amphitheatrum Sapientiae Aeternae (Anfiteatro de la Sabiduría Eterna), obra compuesta por imágenes y escritos mágicos, filosóficos y católicos, la cual fue publicada en Hamburgo en 1595. Esta obra fue reeditada por el autor y se publicó su versión más extensa en 1609, cuatro años después de su muerte.

En esta obra Khunrath plasma su trabajo desarrollado respecto a la magia cristianizada, la integración de la Cábala y las diferentes corrientes científicas como la física y la química que respaldan y nutren su obra. La Rosa Cósmica, imagen de la que se expondrá en el cuerpo del trabajo, se encuentra dentro de esta obra. La imagen de la rosa cósmica presenta la Unidad universal con forma esférica.

En el comentario al Emblema XXI De Secretu Nature,[1] se habla del Universo como una Obra geométrica poseedora de tres formas básicas, las cuales son el triángulo (pirámide), el círculo (esfera) y el cuadrado (cubo). El círculo es un patrón expresado en la Obra, el cual se presenta como símbolo espejo de Dios, al encarnar desde su forma a lo Infinito (incluso matemáticamente hablando, pues el número pi, involucrado para saber tanto el área como el perímetro de un círculo, es infinito, se desconocen sus últimos decimales e incluso es la única figura geométrica que no involucra rectas, por lo que su circunferencia carece  de principio y de fin), a lo absoluto (el círculo, desde la alquimia, podría también evocar a lo absoluto, pues contiene en su perímetro al Sol y a la Luna sobrepuestos, es decir, unidos).

Encontramos toda una serie de elementos en la Obra que tienden a lo circular, desde lo macro, como lo es el Sol mismo, la Luna, los demás astros, galaxias, nebulosas, hasta lo más pequeño como los átomos, las células, etcétera. Así, es posible vislumbrar un cierto tipo de correspondencia macro-microcósmica que se nos muestra por medio de lo más próximo a nuestros sentidos: la forma. Este patrón universal también se encuentra en forma de ciclos, ciclos vitales como el ciclo del agua, el ciclo de la vida, el ciclo del día a la noche, luz y oscuridad, etcétera.

El principio cíclico del Cosmos observado en todos los fenómenos Naturales, al ser un patrón universal, también es considerado como “la respiración de Dios”, proceso circular que mantiene Viva a la Obra. Esta figura también alude al Ouróboros, la serpiente que se convierte a sí misma en su propio alimento, aquella que “se devora y se vomita, se mata y se vuelve a parir”.[2]

Para algunos alquimistas, esta serpiente, debido a su forma, significó “la unidad de la materia, el símbolo del mundo, y al mismo tiempo una alusión al ‘principio de clausura’ o del secreto hermético. Y, además, como anuncia la eternidad, concebida como un eterno retorno”. Esta Unidad esférica Universal revelada en la imagen, presenta a la Quintaesencia, Mercurio o Anima Mundi como Centro. Esta materia prima es la fibra que entreteje -desde su pasividad- la correspondencia macro-micocosmos como una red neuronal. Ésta es la Sustancia básica de todo el Universo y se encuentra en nuestro Centro: “el alquimista árabe Abu-1-Qasim al-Iraqi, que vivió en el siglo IX de la era cristiana, escribió: ‘…esta materia prima se encuentra en una montaña que contiene una multitud de cosas no creadas. En esta montaña se hallan todas las clases del conocimiento que puedan encontrarse en este mundo.’ La montaña en la que se encuentra la materia prima es el cuerpo humano, porque la ‘reducción’ a la materia prima se realiza metódicamente partiendo del conocimiento corporal, que debe iniciarse desde el interior (…) El interior de la tierra es también el interior del cuerpo, el núcleo interno e íntegro del conocimiento. La piedra oculta es aquí sólo la materia prima”.

La materia prima, al encontrarse dentro nuestro, funge como el cubo de la Rueda Cósmica, origen en el que todo está contenido y es el Centro- receptáculo Divino desde el que toda creación es necesariamente circular y en el cual lo habita Todo. En el Timeo, Platón también nos cuenta cómo el Demiurgo crea el Anima Mundi y la deposita en el Centro del cuerpo humano.

Ya estando todo el cosmos interconectado por el Anima Mundi, el alma humana, siendo entonces partícipe del vínculo entre esfera física y esfera eterna, debía regirse de acuerdo a las mismas proporciones, las cuales necesariamente son circulares, pues reproducen ese ciclo creativo que comienza en El Fuego o La Fuente Inagotable que es el Anima Mundi, El río de la Estrella, que nos provee (Quintaesencia) y nosotros (portadores del mensaje de lo Innombrable), al crear siendo conscientes del Círculo del cual somos partícipes, devolvemos las aguas, así como La Estrella vacía sus cántaros sobre el río, alimentamos al Fuego.

He encontrado en un blog[3] una interpretación bastante adecuada y sugerente, acerca de símbolo de los rosetones y, siguiendo la teoría neoplatónica del orden de correspondencia micro-macrocósmica, hace una analogía de estos con el alma humana. Un rosetón posee en su centro una ventana circular por la cual entrará la luz (de la divinidad), por lo que, al pensarnos como pequeños rosetones, el centro de nuestra alma sería la ventana por donde entraría esta misma luz. En la imagen “La Rosa Cósmica”, siendo el centro el Anima Mundi, ésta sería la ventana circular, la Quintaesencia, de la cual (estando ésta contenida también en nuestro centro) nos hemos de servir para colaborar en la Obra cósmica.

Sabiéndonos microcosmos, hemos de reproducir el orden divino (circular). El acto de reproducción cósmica implica crear fractalidad. Desde la física, la fractalidad es la capacidad de anidar ondas y atraer desde el exterior hacia el interior. Esa succión cósmica es la que posibilita la gravedad. “La gravedad surge por la disposición fractal geométrica para que las ondas continúen anidándose desde lo infinitamente grande hasta lo infinitamente pequeño (…) los cuerpos celestes ejercen una atracción o poder gravitacional hacia sus centros, por lo que atraen sus propias partes (…) sin esa atracción, los cuerpos celestes se moverían en línea recta, pero ese poder gravitacional los fuerza a curvar sus trayectorias y hacer de sus movimientos elípticos”.[4] Vemos aquí de nuevo, la presencia del círculo como herramienta geometrizadora de la Obra que devela nuestro papel en el Mundo. Situando lo anteriormente mencionado en nuestra imagen, fractalizar al orden superior implicaría traer hacia adentro lo contenido en la última esfera: los mandamientos.

En los costados de última esfera de la imagen, se encuentran escritos en latín cuatro mandamientos:

  1. LAVAMINI MUNDI ESTOTE: Seamos lavados (purificados) desde la pulcritud. El Bautismo.
  2. VNUM OMNIUM EFFECTOREM; CETERAS POTTESTATES, MINISTRAS HABERTOTE: Tengan un solo oficio y el resto de las ocupaciones en el servicio divino (ser sirviente de Dios, saberse instrumento divino).
  3. AD PRIMUM VOTA PRAECESO AD INFERIORES HYMNI SUNTO: Voten por un predecesor desde el principio y hagan himnos (alabanzas) a los pobres/necesitados.
  4. QUOD, SI FORTE, PETITIO, AD INFERIORES, PROCESSERIT, NISI SUB MODO DELEGATAE, A PRIMO, ADMINISTRATIONIS INTENTIONIS INTENTIO NON ESTO: Avanzará, desde las mayores pobrezas, quien tenga una fuerte súplica y no, quien, de forma demandante, se acerque a través de su cargo. Hacer Gloria a Dios desde estos cuatro estatutos es fractalizar el orden superior desde nuestro Centro, hogar de la Quintaesecia.

Este conjunto de mandamientos conforma una alabanza a quien se encuentra escrito arriba: Dios.

QUI ERAT: Aquel que era (se traduce “era” y no “fue”, pues Dios era desde la Eternidad).

QUI EST: Aquel que es (en la Eternidad).

QUI ERIT: Aquel que ha de venir (hasta la Eternidad).

Esto se encuentra en Apocalipsis 1:8. Luego, debajo de ese escrito, se encuentra la siguiente frase: “PLENI SUNT CELI, PLENA EST OMNIS TERRA, MAIESTATE GLORIA EIUS: (tres palabras en hebreo) Lo cual se traduce como: “Plenos son los cielos,[5] llena está toda la Tierra con la grandeza y Gloria de Dios: Aleluya, Aleluya, Aleluya”.

Volviendo a la parte céntrica de la imagen, el Mercurio -como cubo de la Gran Rueda- señala con su cuerpo cuatro puntos (cuatro elementos que ha de contener y los cuatro fundamentos del mundo ligado a la forma). La forma de cruz, en la que el cuerpo de la materia prima se encuentra, expresa también los opuestos duales que ésta contiene.

Debajo del Mercurio, yace el Faisán Rojo, el cual indica que el Mercurio ya ha sido fecundado por el Azufre. La primera figura del Mercurio es el cuervo negro (nigredo), la segunda es la paloma blanca (albedo). Cuando está listo para ser fecundado por el Azufre, se torna amarillo y se simboliza con el Águila Amarilla. Cuando el Mercurio ya ha sido fecundado por el Azufre (Mercurio Azufrado) está simbolizado por el faisán rojo (Rubedo).[6] Lo cual es interesante, pues aquí nuevamente encontramos la presencia del círculo “En la Edad Media la cuadratura del círculo fue considerada como una operación alquímica, es decir era la rubedo”,[7] “El Rubedo es ya la salida del Sol. La transición al Rubedo constituye el amarilleamiento, el cual, decae con posterioridad. Después sale el rubedo directamente del albedo mediante aumento del fuego hasta el grado máximo. Apolo representa esa fase”.[8] De ahí que en la imagen se encuentre un Sol que envuelve el centro de la Obra.

La imagen central es, entonces, la fecundación del Mercurio por el Azufre. La creación se nos presenta como el acto de dar y recibir, irradiar y contener: la unión de los opuestos.

 

Bibliografía

  1. Hacyan, Shaen, De los hoyos negros y la curvatura del espacio-tiempo, FCE, 1998.
  2. Maier, Michael. La fuga de Atalanta, introducción de Joscelyin Godwin, traducción de María Tabuyo y Agustín López. Girona, Ediciones Atalanta, 2007.
  3. http://www.concienciadeser.es/principal/tercera_parte/alquimia.html
  4. http://runamagica.blogspot.com/2012/11/simbolos-alquimicos.html

 

Notas

[1] Maier, La fuga de Atalanta, Paidós, p. 144.
[2] Ibid., p. 117.
[3] http://www.concienciadeser.es/principal/tercera_parte/alquimia.html
[4] Hacyan, De los hoyos negros y la curvatura del espacio-tiempo, FCE., p. 13.
[5] Generalmente se piensa que el agregarle la “s” es un plural poético, sin embargo, la imagen que se tenía del Universo tanto en los griegos, como en los hebreos contenía un par de cielos que se situaban tanto superiormente como en la parte inferior de la Tierra.
[6] http://www.concienciadeser.es/principal/tercera_parte/alquimia.html
[7] Maier, Op. Cit., p. 145.
[8] http://runamagica.blogspot.com/2012/11/simbolos-alquimicos.html