Revista de filosofía

Ha-macher

139

Trad. Maria Konta

 

A Alejandro Werner

Director  del Departamento del Hemisferio Occidental
del Fondo Monetario Internacional (FMI) 

 

Werner Hamacher (1948-2017)

Werner Hamacher (1948-2017)

 

Pró-logo

1

Un discurso para ti, Werner, un discurso a ti, una vez más, aún porque es imposible para mí hablar o escribir sobre ti. Solo puedo pararme frente a ti y, por así decirlo, sin palabras.[1]

Tú dices, lo que se queda sin palabras es la apertura del lenguaje (Sprachoffenheit), la apertura (Offenheit) para el lenguaje (Sprache) y la apertura del lenguaje. Lo sé. Es incluso uno de tus leitmotivs.

Inmediatamente te escucho: “O motivo de sufrimiento …” (Leitmotiv)

  • Sí, claro, porque solo a través de la inefabilidad de las penas un lenguaje puede ser verdadero.

Todavía te escucho que no hablas de los dolores que te excedían … No solo los últimos, los más feroces, sino mucho más antes de tu pena y tu queja de lo qué, enfermedad u otras obligaciones, te oprimía, te estorbaba y te refrenaba la fuerza de la expansión inalterable de tu cuerpo, de tu alma y de tu pensamiento. Nunca hubo suficiente tiempo ni espacio, nunca suficientes palabras, ni páginas y tampoco gestos para decir y hacer lo que quisieras para lograr un poder asombroso, asombroso tanto por su intensidad como por su deseo permanente para poner cualquier fuerza fuera de uso. Más a menudo la palabra Kraft se encuentra en ti en el sintagma ausser Kraft.

Paul Celan

Paul Celan

Intentaste agotar tu propia fuerza, de dos maneras: empleándola sin reservas, hasta el final y más allá del posible ejercicio del lenguaje y del pensamiento, sino también gastándola hasta el punto de dejarla exangüe y desolada. Así es como se expresó tu propio genio, sea cual sea el objeto de su estudio, y eso es lo que un día me había sugerido que llevara tu nombre a la letra: “¡Hacedor de Ha!” es decir, pensador y autor de una ex-clamación definitiva y repetida donde se expone sin aliento lo que tu llamas eine exponierteste Sprache. Luego hablas del veredicto de Adorno sobre la poesía después de Auschwitz y de la manera que Celan la escuchó, o, incluso mejor, de la manera que tú entiendes esta escucha en su poesía.

Paul Celan

Paul Celan

Por eso la poesía, singularmente de Celan, pero también de otros, ha sido un objeto privilegiado de tu pensamiento. Y privilegiado hasta el punto de que ya no es un objeto para ti, sino más bien – ni objeto ni sujeto – el ser mismo o el hacer, la existencia y el acto de una voluntad de decir lo que roba su consistencia a decirlo todo y a quererlo todo. Dices que eso es lo que quiere la poesía de Celan, y es esa voluntad que a tu turno deseas querer hasta agotar ahí todo querer y todo decir, pero de un cansancio de ninguna manera nihilista porque se dice él mismo, al fondo de su fortaleza y al fondo de su palabra: se dice como el poema mismo.

Dices: El poema en su mayor compactación es el poema donde se sostiene a sí mismo, como un marcador de posición de una pausa, en el fenómeno de lo no fenoménico…

Lo dices en la pausa de Celan, al más íntimo de su poema.

 

2

Werner Hamacher es un gigante muy poderoso que estudia a los insectos que son los poemas esbeltos de Paul Celan, los atrapa entre sus dedos de una manera delicada, examina sus articulaciones, sus piernas, sus membranas antes de ponerlos de nuevo para verlos moverse en la página.

Werner Hamacher (1948-2017)

Werner Hamacher (1948-2017)

Werner Hamacher es un pensador que las palabras de Paul Celan hacen pensar de su más propio pensamiento como si fuera en estos poemas que él nació, como si fuera, este pensamiento, solo la resonancia del poema. No su comentario, sino su eco o su propagación.

Werner Hamacher es un pozo en el cual las palabras sonoras de Paul Celan caen como en su propio espacio de juego y de caída, el que eliminaron sus apariencias de sentido para hundirse en el grosor debajo del discurso.

Por supuesto, esto significa que todo debe regresar, no de acuerdo con una reciprocidad ni una simetría, sino de acuerdo con las tensiones, las sacudidas, las capturas y los abandonos de cuerpo a cuerpo.

Celan está solo, no quiere encontrarse en su camino con un exegeta y tampoco con un traductor. Pero aquí se encuentra a sí mismo. Es decir, la imposibilidad de identificarse, lo que lo separa de sí y lo deja ir más lejos. Ahí donde se escapa sin recurso lo que no se ha dicho.

Celan es un insecto perdido en la página que un gigante atento agarra entre sus dedos para ubicar delicadamente donde estará fuera de peligro: debajo de la página, ahí donde las palabras no pueden querer decir lo que dicen, sin dejar, no obstante, de decirse.

Celan cayó hacia atrás, un insecto sorprendido, en la red de líneas estirada por Werner. Por supuesto que es una red que él mismo ha estirado:

fall ich dir zu, fällst / du mir zu

Tú hacia mí – o bien tú por mí, tú a mí

— la cuestión lacerante de la traducción de zu – igual al alemán, incluso al alemán. Se dirigen el uno al otro, se inclinan el uno hacia el otro, se voltean el uno hacia el otro.

Esto solo les concede el costo de desafinarlos exactamente como el acorde de los versos del poema opera la ruptura de su escansión. Entonces, el lector de Celan, este lector que lee a mí, ¿realmente lee, esencialmente, solo la ruptura del verso, la ruptura por el verso? Lo que viene entonces a la lectura es lo no-escrito. He ahí lo que dice, lo que Werner lee en Celan, por Celan, el uno en el otro e, incluso, el uno sin el otro.

 

3

Porque si el gesto de la lectura de Werner— ni comentario, ni exégesis, ni interpretación, ni glosa, sino todo eso mezclado y llevado en un otro movimiento que, como uno dice en francés, se adhiere al texto (en alemán tal vez dicht am Gedicht lesen … ) – tiende a hacer indiscernible el gesto del poema y, por hacer de Celan-Hamacher una especie de “mismo”, eso se hace solo de acuerdo con la ley del mismo que se exponen entre sí.

(¡Qué diferencia con Heidegger y aquellos que, como él, derivan del poema una verdad sobre la cual la pertenencia al poema queda ignorada! Aquí y allá, Werner la evoca).

Celan escribe

Das

selbe

hat uns

verloren, das

……

y Hamacher despliega la mismidad del mismo en su propia distinción, su separación, su división.

Porque lo mismo viene del otro y solo puede venir del otro, a través de un caos y una brecha. Un abismo nos separa, nosotros, es decir él y yo, así como el mundo y nosotros. El poema es la apariencia de eso: venida del mundo al lenguaje y venida del lenguaje al mundo que le queda ajeno. Venida dividida de la división.

Pero aquí nuevamente, no hay nihilismo y tampoco negatividad fructífera porque lo que ocupa el intermedio, el intervalo de la división es un medio vacío paseante (eine wandernde leere Mitte). Un vacío que pasea, que vaga, que camina: nada, ni un sujeto, sino un movimiento, una agitación, una paja.

Es así, como muestra en el poema mismo En el punto afilado (título y calificación), que el mineral duro (Erze) se transforma en un corazón-devenido (Herzgewordenes).

Corazón palpitando, el uno al otro, tú a mí, pausa y reanudación, escansión de los versos, arsis / tesis, ser y pensamiento, poema y noema, Paul y Werner.

 

Nota de la traductora

[1] Agradezco a Jean-Luc Nancy por haberme enviado el original en francés “Vor-rede”. La traducción en alemán por Peter Trawny se puede consultar en https://faustkultur.de/3825-0-Jean-Luc-Nancy-ueber-Werner-Hamacher-und-Celan.html