Revista de filosofía

El Ser y el Tiempo o la angustia sublimada por la farmacopornografía

1.45K
El Ser y el Tiempo o la angustia sublimada por la farmacopornografía

Resumen

A los habitantes de esta era hipertecnologizada, a aquellos hipercorporeizados, a los que consumimos cuerpos, a los que vendemos cuerpos. A los que las drogas ilegales nos tienen sobre estimulados, a los que de tanta sobre estimulación nos demandan el consumo de los fármacos legales -los calmantes-, a los que peleamos por la autenticidad, aquella fantasía del individualismo encarnado, los que estamos en la vanguardia por estar abiertos a lo porno, los que vemos porno, los que hacemos porno. Los habitantes de esta era farmacopornográfica y sus herederos, quienes suspiran por la muerte del ser y el tiempo.

Palabras clave: porno, fármacos, ser, tiempo, muerte, farmacopornografía.

 

Abstract

To the inhabitants of this hyper-technologized age, to those hypercorporealized, to those who consume bodies, to whom we sell bodies. To those that illegal drugs have us over stimulated, to those who over so stimulation demand us the consumption of legal drugs -the painkillers-, to those who fight for authenticity, that fantasy of embodied individualism, those who are open to porn, those who watch porn, those who do porn. The inhabitants of this pharmacopornoial age and their heirs, who sigh for the death of being and time.

Keywords: porn, drugs, being, time, death, pharmacopornography.

 

La experiencia “farmacopornográfica”

De Heidegger a Woodman, de un Ser y tiempo escrito en la Selva Negra a un video de casting en Europa del Este para Xvideos. De una noche de baile al alcohol, del alcohol a 1gr de cocaína, de cocaína a 2 pastillas de éxtasis, un poco de popper y LSD, de todo el cóctel de drogas a los olores del sexo entre sábanas con algunos amigos, varios amigos, todos reflejados en el espejo de alguna habitación remota y, antes de dormir, una pastilla de 2g de rivotril. El hígado cansado de procesar tantas sustancias, el cerebro aturdido de procesar tantas escenas pornográficas. Piel y más piel y ¿quiénes somos? Los alternativos, el pelotón de la moda que consume cuerpos y drogas… los que no caemos en “el sistema” porque nos gusta perdernos en otras cosas, los/as locos/as que se rebelan.

¿Nos rebelamos? Ahora usamos una computadora, no hay fronteras, mostramos nuestra vida a través de Facebook, el mejor antidepresivo del autoestima y, para los egocéntricos, el Twitter, redes sociales y amigos y más pseudo-amigos, seguidores y seguidores; el Tinder para las citas casuales y los tríos. No hay por qué aburrirse si tenemos acceso a todo y no hay fronteras. Sujetos apelados por su realidad que respetan cualquier tipo de interacción sexual entre seres humanos; los libres, los no absorbidos por el sistema de producir y reproducir dinero, los no tradicionales, los de vanguardia, los cool, los yonquis.

¿Nos rebelamos? Somos esclavos de la interacción virtual, de los hashtag, de los likes. La vida va, llega el viernes y salimos a tomar con los amigos, a hablar sobre el universo, sobre los montes en el desierto, sobre la equidad y la libertad y pensamos que los otros están encarcelados por “el capitalismo” y seguimos tomando unos cuantos tragos. El alcohol va subiendo a la cabeza, alguien saca un porro bien oloroso de marihuana y luego, “por qué no”, tomamos sólo un cuartito del cartón de LSD que acaba de venderle un dealer del barrio al amigo. Ahora vamos a un club a bailar drum&bass. Un extraño nos ofrece cocaína en el baño, unas cuantas líneas para seguir bailando. La amiga del pantalón de colores derrama un poco de polvo de MDMA en el agua y la comparte con el resto del grupo: dos, tres, cuatro… ocho horas bailando. Llega el momento de volver a casa, donde, con el efecto de todo, se ve un video de Pierre Woodman en Youporn, un casting. Nuestros ojos ven a una hermosa checa de piernas largas y senos perfectamente bien redondeados que caen en el camino de un abdomen perfecto, una figura asombrosa que gustaría incluso al más puritano: ojos azules zafiro, cejas castañas y pobladas, labios rosas. Y el productor del porno-video negocia con ella el pago por el casting, con traductora al lado él le dice en francés que entre más cosas se deje hacer, más alto será el pago. El video incluye: sexo oral, vaginal, anal, violencia física y, al final, un poco de orina en el cuerpo de la chica.

ESCENA TOMADA DE UN CASTING DE PIERRE WOODMAN

ESCENA TOMADA DE UN CASTING DE PIERRE WOODMAN

¿Nos rebelamos? Pasan algunos meses y, entonces, vamos subiendo la intensidad con las sustancias y el porno, con las prácticas “libres” y terminamos en algunas orgías. Pagamos por sexo en el auto, desafiamos más las fronteras de los cánones “tradicionales”. Luego nos preguntamos “¿por qué Pierre Woodman no está en la cárcel?”, “¿por qué aprovecha las condiciones sociales de chicas que van engañadas a sus castings, creyendo que se convertirán en modelos?”, “¿por qué me siento tan cansada de la existencia?”. Llega el “pánico” un día. No se sabe qué pasa, pero llega el pánico, creemos que moriremos. Terminamos en el hospital creyendo que es un ataque cardiaco. Así pasan tres veces hasta que nos mandan al psiquiatría, nos inyectan diazepam y olanzapina. Desde ese momento caemos víctimas: vivir es una constante angustia. Nos deprimimos. Pensamos de nuevo en Heidegger y la muerte. Fondeamos. Salimos del río de la amargura, leemos el parágrafo 29 de Ser y Tiempo.

¿Nos rebelamos? Al psiquiatra cada semana. Cada semana tirados en el diván donde hablamos de nosotros, de nuestro yo, yo, yo, yo. Ahora, cada noche, cuatro gotas de clonazepam y luego ocho y luego doce hasta llegar a veinte. Nos estancamos ahí, luego bajamos a quince. Desayunamos fluoxetina, merendamos quetiapina y cenamos clonazepam. Nos normalizamos. ¿Realmente éramos anormales? Nos creíamos anormales por “subversivos”, pero no. Éramos una presa más de la industria pornográfica. Ahora somos una presa más de la farmacodependencia. Los locos, sí, los locos. Algo hay de chic en decir que consumimos fármacos para normalizarnos: romantizamos esta nueva farmacodependencia. Pensamos en todos los suicidógenos. Más Virginia y menos Woodman, más Heidegger y menos Facebook. Más clona y menos vigilia.

Y luego el diagnóstico “trastorno ciclotímico”. Más chochos. Y, mientras los ataques de pánico siguen apareciendo, nos volvemos más fuertes ante ellos. Pensamos con seriedad en que cada uno de esos ataques es un nuevo despertar, fondeamos y pisamos tierra. Salimos del río de la angustia, se nos olvida que nos da miedo beber alcohol porque se mezcla mal con el clonazepam, no importa, somos más fuertes. Ahora volvemos a todo sumándole el clona y el fluoxetine. Despertamos atarantados: “los rebeldes”. ¡Bienvenidxs todxs! Bienvenidxs al nuevo sistema farmacopornográfico ¿Somos especiales? No. Millares afuera están inmersos en ese mismo sistema.

 

Farmacopornografía de Paul B. Preciado

¿Por qué Testo Yonqui? ¡Testo! Testeamos algo nuevo, nos sometemos a un “test”, “testeamos” ¿qué?; “yonqui” la castellanización del “junkie”, los adictos, los dependientes de… probamos algo y nos volvemos dependientes ¿de qué? De la vida, de la nueva vida, del nuevo sistema farmacopornográfico. Pido disculpas de antemano por mi redacción más reflexiva que científica, más romántica que académica. Me doy el permiso que el autor se da en su propia obra, más filosófica que sociológica, más transgresora que canónica.

Beatriz Preciado, ahora Paul Preciado, él mismo, un “trans”-gresor, un filósofo feminista, explorador y explorado, español de nacimiento, filósofo por convicción, pansexual por elección. Testo yonqui,[1] su obra de rebelión. El sistema “farmacopórnográfico”, una filosofía de tocador. La economía del automóvil, la crisis del petróleo, la transformación global, la industria bioquímica, electrónica, informática. En fin, las transformaciones de la producción industrial del último siglo que “se convertirá progresivamente en el negocio del nuevo milenio: la gestión política y técnica del cuerpo, del sexo y de la sexualidad”,[2] es decir, en palabras del autor, la filosofía pertinente de llevar a cabo un análisis sexo político de la economía mundial.

La nueva economía del mundo, “cientos de toneladas de esteroides sintéticos”:[3] lexomil, ketamina, viagra, speed, cristal, prozac, éxtasis, popper, heroína. El régimen postindustrial, global y mediático que Preciado llama farmacopornografía. Este régimen incluye a los procesos de gobierno biomolecular, semiótico-técnico de la subjetividad sexual, la píldora y el Playboy. Nos comemos a Heidegger, dice Preciado. Rocco Siferdi y Sasha Grey impulsan la economía informática, el porno en internet. El concepto clave: potentia gaudendi, la fuerza orgásmica, la potencia de excitación de un cuerpo. La suma de la potencialidad de excitación inherente a cada molécula viva. La fuerza que transforma al mundo en placer-con.

El autor menciona que en el capitalismo farmacopornográfico la fuerza de trabajo “ha revelado su propio sustrato: la potencia gaudendi… el servicio sexual está puesto al servicio de un consumidor por un determinado tiempo bajo un contrato más o menos formal de venta de servicio sexual”.[4] Lo característico de la potentia gaundendi es su carácter de “no-permanecia”, su maleabilidad, su imposibilidad de ser poseída o conservada, no se deja reducir a objeto ni puede transformarse en propiedad privada o ¿sí? Otra característica es que el cuerpo no conoce su fuerza orgásmica hasta que la pone a trabajar. Existe una relación directa entre la pornificación del cuerpo y su grado de opresión. Preciado menciona que históricamente los cuerpos más pornificados han sido el de la mujer, el infantil, el cuerpo racializado del esclavo, el cuerpo homosexual, etc. No obstante, el nuevo sujeto hegemónico es un cuerpo masculino, blanco, heterosexual, “farmacopornográficamente suplementado por el viagra, la coca, la pornografía”,[5] es el consumidor de servicios sexuales pauperizados.

Vivimos cotidianamente esquivando el sin-sentido del ser, contrariamos la disposición afectiva, esquivamos el hecho de que estamos siendo para morir.[6] El sujeto farmacopornográfico vive así, con identificaciones falsas, distrae a su disposición afectiva: el sin-sentido del ser se pierde entre pornografía y fármacos. Por un lado, con la pornografía nos sobre estimulamos, nos sobre excitamos, por el otro, nos sedamos. La industria farmacopornográfica nos distrae con pornografía, nos sobre erotiza, nos distrae de la angustia que nos genera el saber que estamos siendo para la muerte. La industria farmacopornográfica nos calma artificialmente. Los ansiolíticos nos evitan la ansiedad y el pánico, los antidepresivos nos evitan la profunda tristeza y angustia del saber que estamos siendo para la muerte. Las subidas estrepitosas por el lado pornográfico, las bajadas por el lado del ansiolítico. Consumimos todo esto antes de asumir nuestra condición de arrojados en el mundo, de aceptar que estamos-siendo-en-el-mundo-para-morir. Nos volcamos a falsas identificaciones de placer-con que nos niegan la angustia de saber que “somos-muriendo”. 

El sujeto farmacopornográfico no sólo niega su propio ser-para-la-muerte, sino que niega el de otros/as ¿a qué costo? Él mismo y el Otro es despojado de la angustia de su existencia[7] mientras consume objetos que son “el confeti sólido de una producción virtual afectiva psicotóxica”[8] ¿Y los que no están dentro de este sistema farmacopornográfico? Estos cuerpos no están ni muertos, ni vivos, nos dice Preciado. Sólo existen en un estado pre-farmacopornográfico. Necesitan la plataforma de producción y cultivo: no existen sin soportes técnicos, farmacéuticos y mediáticos capaces de materializarlos. Falta el internet y el clonazepam, la sobre-excitación del porno y la sobre-sedación del clonazepam. Consumimos potencia sexual, la muerte del Otro en uno mismo. Todo con tal de no asumir la angustia de la existencia misma, de asumir que existimos y de que somos-muriendo.

WILLIAM TURNER, LA MUERTE SOBRE UN CABALLO PÁLIDO (1825)

WILLIAM TURNER, LA MUERTE SOBRE UN CABALLO PÁLIDO (1825)

Bibliografía

  1. Heidegger, Martín, Ser y Tiempo, Trota, España, 2012.
  2. Preciado, Beatriz, “La era farmacoponográfica” en Testo Yonqui, Espasa, España, 2008.

 

Notas

[1] v. Preciado, Beatriz, Testo yonqui, Espasa, Madrid, 2008.
[2] ibídem, p. 31.
[3] ibídem, p. 32.
[4] ibídem, p. 38.
[5] ibídem, p. 33.
[6] v. Heidegger, Martín, Ser y Tiempo, Trota, España, 2012.
[7] v. ídem.
[8] Preciado, Beatriz, op. cit., p. 44.