Revista de filosofía

El secreto de Isidro

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El hombre se llama Isidro como el santo patrón del agua, la que purifica, la que hace vivir.

¿Usted cree en la mística? Me dijo de pronto cuando entré a la sala de hombres del hospital psiquiátrico buscando a otro paciente.

Necesito que me oigan, necesito hablar…, insistió Isidro y entonces lo escuche.

-“Yo me metí en el agua y miré a los animales que se movían allí, eran sapos, mapaches, tepescuincles, ranas. Las hicoteas ya estaban escarbando y tronaba la tierra. Rasqué yo también con las uñas y pedazos de madera, a cada tronido salían mas pescados, era cosa de Dios”.

“Pasó un día en todos eso antes de que me trajeran aquí pero ya al mediodía del día siguiente me agarraron. Mi cuñado me gritaba ¡salte, qué haces ahí te vas a morir! Pero era él el que no entendía nada, a mi el agua me da vida”.

“Mi suegro si vio cómo salían animalitos y empezó a leer cosas de Dios pero no para salvarme, sino para que muriera. Decía que ya estaba cansado mi cuerpo, que todo había acabado. De pronto oí un tronido que venía del lugar donde tengo sembrada una piña”.

“¿Sería una señal? Me puse el short que me había tirado mi suegro porque estaba desnudo y me salí corriendo hacía el monte”.

“Es cierto que un día me intenté matar, pero era puro capricho porque le había pedido a mi esposa cosas impuras y me sentía muy mal . Había querido penetrarla por donde le dolía fíjese usted. Mi suegro que nunca me ha querido dice que impidió que me matara, pero estaba de acuerdo porque hasta me dijo: mira cuélgate de ese árbol, tenía una cámara y me estaba grabando, entonces pensé en Dios y me arrepentí”.

“No era Dios el que quería mi muerte, era él. Y en eso estaba cuando supe que la verdad estaba en el agua, en el movimiento de esos animales y en la voz que me hacía sentir un niño puro otra vez, que se bautizaba y se libraba del pecado”.

“Mi suegro decía que tenía miedo de mi y no me dejaba ver a mi hijita, que estaba yo loco, que le iba a hablar al sacerdote para que descansara de una vez en paz”.

“La hija de él, mi mujer es fiel a su padre y a mi no me obedece. Él es pastor pero yo nunca quise ser su oveja y me sentía cautivo, cuando me metí al agua me escapé”.

“En el agua supe que cuando dejé de ser niño dejé de ser feliz y quise volver a ser puro como le dije, en el agua, pero él me sacó con sus mentiras porque en lugar del sacerdote que me prometió llegó la policía. Corrí por los jaguales y él me siguió. Cuando vi unos charcos me metí otra vez pero esa agua no me aceptaba, me ardió el testículo, las hojas tiraban energía, electricidad, calor. Algo malo me estaba pasando, salí de ahí todo rasguñado. Llegué al arroyo del norte y sentí que me quemaba, orinaba caliente y en mi bolsa encontré clavos, ligas y basura”.

“Traté de curarme con hojas de limón, subí más al monte y cuando salí en lo limpio encontré a la policía. Fue mi suegro el que me agarró con la coa. Estaba preso y no había matado a nadie así que corrí al arroyo de agua limpia de donde me había salido, creyeron que estaba muerto y me tiraron una lía”.

“¡Cómo hubiera querido bañarme en esa agua con jabón todos los días y luego irme a trabajar! ser un hombre nuevo con mi esposa y mi hija pero en lugar de eso me lazaron como a una vaca y me trajeron al hospital”.

“Yo nací en Santa Teresa Motul, Yucatán pero cuando crecí como éramos muy pobres me fui a trabajar en una tienda de abarrotes a Cancún, fue allí donde conocí a mi mujer y según yo, me hice hombre”.

“Pero ¿sabe? Yo tuve un abuelito que hacía rezos en los cenotes. Llevaba pozol cuando el cenote estaba seco y al hacer las oraciones venía el agua y todos comían lo que él les llevaba porque era curandero. Eso me lo platicó mi mamá porque mi papá nunca habla de eso, lo mantiene oculto, es su secreto”.

“Ahora se que aunque la gente diga de mi ¡Pobre Chilo! es una cosa mística lo que me pasó porque soy nieto de mi abuelo”.

“Días antes de que supiera que debía meterme al agua me vino un pensamiento muy claro, si agarro dos pajaritos y dejo que se críen grandes, veré cómo se aparean y el macho hará su nido como mi papá. Él no hablaba mal de nadie, era buena gente, nos daba consejos pero nunca nos habló de lo sexual, eso si no. Tampoco del abuelo. Me puse a leer la Biblia para saber qué hacer y educar a mi hija. Pero Dios no me respondía hasta que me llamó al agua”.

“Yo fui malo, le di mucho chance a la gente de que se desquitara conmigo, les provocaba el pleito pero de eso a que me hayan sacado arrastrando del agua los policías…”

“Mire, yo salí igual que mi abuelo, tengo ese don pero no me atrevo a preguntarle a mi padre ¡por qué le tiene miedo al poder de su padre? ¿Por qué no me quiere hablar? ¿Por qué no quiere reconocer nuestros dones, nuestras posibilidades? ¿Por qué se hizo un extraño para mi?”

“Ve como yo necesitaba hablar, contar todo esto a alguien pero ¿me va a guardar el secreto?”

El secreto de la magia del abuelo es lo que lo tiene loco ¿y quiere que yo sea cómplice Isidro? Usted con lo que otros llaman enfermedad a descubierto la verdad que el secreto encubría.

¿Para qué quiere seguir guardándolo? Hay que unir ese hilo de abuelo-padre- hijo-esposa-hija rompiendo el secreto de su familia ¿no cree?