Revista de filosofía

El arte dispositivo de re-signficación de la subjetividad humana en tiempo de crisis

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Una lectura de Félix Guattari y el nuevo paradigma estético

 

Resumen

El estado actual de revolución tecno científica, económica y por ende de las estructuras sociales ha complejizado nuestra cotidianeidad como sujetos. Es por ello que postular como centro de la discusión a la subjetividad, su conformación y objetivaciones es una tarea indispensable. Nos preocupamos por una subjetividad que ha comenzado a gestarse en las fronteras del conocimiento y que se objetiva en la hibridación de las más variadas formas del consumo. La cultura, la educación y el arte se presentan como instancias que podrían configurar un orden de posibilidad e instancias éticas y políticas para enfrentar las dificultades del contexto con mejores herramientas. El nuevo de Guattari aparece como una posibilidad para vivir y habitar un mundo en caos.

Palabras claves: Arte, Guattari, Paradigma estético, Educación Artística.

 

Abstract

The current condition of revolution tecno-scientific, economic and the social structures it has derived in a tangled reality that comes together in our ordinariness. For it, to postulate as the center of the discussion to the subjectivity, her conformation is an indispensable task. We worry for a subjectivity that has begun to be in preparation in the borders of the knowledge and that is targeted in the hybridization of the most varied forms of the consumption. The culture, the education and the art appear as instances that might form an order of possibility and ethical and political instances to face the difficulties of the context with better tools. The new paradigm of the art (in Guattari) and their methodologies work on the intersections of sense, the above mentioned sense it would be understood from the speech that composes and expresses the subjectivity.

Key-words: Art, Guattari, Aesthetic Paradigm, Art Education.

 

 

Introducción

Las convenciones del capital, en su variedad y su diseminación planetaria parecen habernos embelesado en las mieles del consumo, la tecno-ciencia y la mundialización del conocimiento e información, que han tenido por consecuencia la apenas perceptible pero real estandarización de los sujetos y sus formas subjetivas, al menos en el discurso del capital. La discusión contemporánea en todas las áreas de conocimiento, en las ciencias y en las humanidades, podría concentrar sus esfuerzos en una profunda reflexión sobre la habitabilidad de nuestro mundo. El estado actual de revolución tecno científica, económica y por ende de las estructuras sociales, ha derivado en una enredada realidad que confluye en nuestra cotidianeidad como sujetos. Es por ello que postular como centro de la discusión teórica a la subjetividad, su conformación y objetivaciones es una tarea indispensable, pero más aún, si consideramos que la subjetividad es el núcleo de todas las prácticas humanas existentes.

La cuestión es que las subjetividades contemporáneas han comenzado a desbordarse –si se permite el término– hacia territorios desconocidos o desdibujados en las teorías sociales modernas, ya que muchas de las conexiones existentes entre los territorios de la cultura, la ciencia, la tecnología y la economía, que en su momento lograron explicar la subjetividad humana, han perdido su referente histórico-institucional. En este sentido, la reflexión en torno a la subjetividad en nuestro siglo es inminente, una subjetividad que ha comenzado a gestarse en las fronteras del conocimiento, y que al descentrarse nos permite concebir a los sujetos como potencias críticas y creativas. Lo anterior nos remite a una relectura de Caosmosis de Félix Guattari, que desde los años noventa, postula e introduce al debate una posible y real emergencia de subjetividades críticas que hagan frente a una serie de trances y contradicciones en toda la geografía mundial, aunque siempre contando con los matices que ofrece la delimitación al territorio latinoamericano y en especial a México.

La subjetividad concebida en los márgenes aparece como una posibilidad de dimensiones creativas para vivir y habitar un mundo en caos, claro está desde una postura de legítima esperanza en la creatividad humana y su capacidad crítica “o bien objetivamos, reificamos, cientifizamos la subjetividad, o bien, por el contrario, intentamos captarla en su dimensión de creatividad procesual”[1] Félix Guattari nos envuelve en una posibilidad de la emergencia creadora, su perspectiva de manera generalizada consiste en hacer transitar a las ciencias humanas y ciencias sociales desde los paradigmas cientificistas – hacia los paradigmas éticos-estéticos. Ante una evidente aunque no determinada situación de precariedad o discapacidad teórica “parece oportuno forjar una concepción más transversalista de la subjetividad, que permita responder a la vez de sus colisiones territorializadas idiosincrásicas (Territorios existenciales) y de sus aperturas a sistemas de valor (Universos incorporales) con implicaciones sociales y culturales”. [2]

En un mundo homogeneizado e homogeneizante se revelan una serie de devaluaciones del sentido de la vida en su expresión libre, es decir, la mundialización económica y banalización mediática han generado una silenciosa fragmentación de los sujetos, que a su vez pone en entredicho la construcción de identidades definidas y empoderadas, sin embargo, esta dinámica cíclica de procesos de inclusión-exclusión, representa a su vez , desde una mirada otra, una libertad emergente en la no-clasificación, es decir, si de verdad existe una estratificación contemporánea a partir de las prácticas consumistas, la relatividad de la identidad del yo juega como niño en un parque dentro de una desmesurada diversidad de prácticas subjetivas y subjetivantes, pueden o no generar márgenes de libertad y crítica:

“Los paradigmas de la tecnociencia ponen el acento sobre un mundo objetal de relaciones y funciones que tiene sistemáticamente entre paréntesis los afectos subjetivos, de suerte que lo finito venga siempre a primar sobre lo infinito de sus referencias virtuales. Con el arte, por el contrario, la finitud del material sensible deviene soporte de una producción de afectos y de perceptos que tenderá a excentrarse respecto de los marcos y coordenadas preformados. Marcel Duchamp declaraba que el arte es un camino que lleva hacia regiones no regidas por el tiempo y el espacio”.[3]

Es así que el arte, desde su postura posmoderna y/o contemporánea aparece con un orden de sentido distinto: el de la posibilidad. El nuevo paradigma del arte en Guattari trabaja sobre intersecciones de sentido desde un discurso que compone y expresa la subjetividad. La polifonía del deseo (en todas sus formas, materiales y simbólicas) dispone al sujeto a generar un discurso diverso, falto de identidad centrada (colonizada) pero con posibilidades de emergencia crítica. La importancia, la actualidad, y la contemporaneidad en las ideas de Guattari reside como el mismo expresara en la siguiente afirmación: lo importante no es el resultado final, sino el hecho de que un método cartográfico multicomponencial (como lo es el arte) pueda coexistir con el proceso de subjetivación y que resulte así posible una reapropiación, una autopoiesis de los medios de producción de subjetividad.

 

De la producción de la subjetividad ¿quién y qué soy en el mundo?

¿Qué es el mundo? Una idea, un espacio, un territorio. Cuál es mi relación con él. Esta interrogante dispara el ímpetu por entenderlo todo. La mente es invadida por un desfile de argumentos, pensamientos y posicionamientos. Simplificar la subjetividad nos permite definirla como ese lugar desde dónde se habla, se piensa, se siente y se actúa. Dicho así, entendemos que representa lo que ha sido interiorizado por y a través de los sentidos desde lo individual y a través de instituciones y colectividades en lo social; esta simultaneidad entre instancias individuales, colectivas e institucionales caracterizan la subjetividad como polifónica y plural, y por tanto compleja; es una correlación en un mismo nivel de diversos factores que interaccionan entre ellos configurando un territorio existencial. La definición provisoria de la subjetividad que sería interesante proponer hasta ahora es un “conjunto de condiciones por las que instancias individuales y/o colectivas son capaces de emerger como Territorio existencial sui-referencial, en adyacencia o en relación de delimitación con una alteridad a su vez subjetiva”,[4] la alteridad, sea un objeto, una persona, una colectividad o una experiencia pone en entredicho la subjetividad y la problematiza.

 

Experiencia transubjetiva contemporánea

Las dimensiones que producen la subjetividad contemporánea (individual y colectiva) son múltiples y reconocibles a la vez. Por un lado una instauración escalonada pero universalizante de un sistema económico mundial ha derivado en un desdibujamiento tal de las fronteras geográficas e individuales, que el sentido de pertenencia real y simbólico de los sujetos parece volatilizarse. Este régimen que ha reorganizado los sistemas de producción, las relaciones laborales y la estratificación social provocó cambios profundos en la escena cultural global, en contrapartida, las circunstancias de los fenómenos locales retroalimentan estos procesos. La diversificación del mercado, que transitó de la producción de objetos hasta la oferta de los más extravagantes deseos, nos sumergió en una dinámica consumista agravada, tanto que figuras como la hiperproducción, el hiperconsumo e hiperrealidad son comunes. La consumación del industrialismo significa una desterritorialización social latente, sin duda la tecnología es el eje sobre el cual se ensamblan una serie de fenómenos sociales actualmente. Desde esta perspectiva la cultura no sería sino un telón de fondo, donde los sujetos actúan bajo la dirección de la globalización y el capital y cuyo único rol interpretativo es consumir; aun así, la cultura al caracterizarse como un fenómeno vivo, podría y puede escapar en sus delicados matices a tal determinismo.

Sin embargo, no podemos negar que el consumo, como nunca antes, se sitúa en nuestras vidas como una situación relacional, ya no se trata de tener y no tener, la cuestión radica en poder estar en contacto con quienes nos rodean. Es así que el juego de interpelación subjetiva se intensifica por y a través de estos fenómenos tecnológicos, económicos y culturales.

Estamos en un tránsito generacional entre las sociedades arraigadas a sus tradiciones culturales y la deseosa adaptación de las nuevas generaciones que celebran el vertiginoso mundo de novedades tecno científicas, que dicho sea de paso, son aprovechadas desigualmente en los diversos puntos de la geografía mundial.

“Las transformaciones tecnológicas nos obligan a tomar en cuenta, a la vez, una tendencia a la homogeneización universalizante y reduccionista de la subjetividad y una tendencia heterogenética, es decir, al reforzamiento de la heterogeneidad y de la singularización de sus componentes”.[5]

Los procesos de subjetivación que se construyen en torno a las nuevas formas de interlocución y participación de los sujetos a través del consumo (principal actividad intersubjetiva contemporánea) se nos presentan todavía extraños, ajenos, porque se encuentran en construcción. Las prácticas culturales de los sujetos han ido complementándose con los dispositivos tecnológicos de vanguardia y los medios de comunicación por su parte son cada vez más inmediatos y masivos, como arma de doble filo. No obstante se advierte una constante de bipolaridad que transita entre el placer del consumo y el displacer de vivir en el mundo consumista; y cuya consecuencia más padecida es el deterioro ecológico planetario que se conecta directamente con la sobreexplotación de recursos que se consagran a dicho consumo.

Este impacto negativo en el ambiente, repercute a su vez, de manera directa e indirecta en la producción de la subjetividad contemporánea; problemáticas como la escasez del agua para consumo humano, la sobreproducción de basura, la erosión del suelo, los climas extremosos, y más, son indudablemente factores que afectan la habitabilidad del mundo. Porque las condiciones existenciales (de un entorno natural) hoy día, se ven mayormente interferidas por la escasez, sobreexplotación y mal uso de los recursos; estas limitaciones externas, definen o contribuyen cuantiosamente a una cierta conducta, para sí y frente a otros, situándose como un factor más, en la producción de la subjetividad individual y colectiva.

Al tener en cuenta la evidente diversidad de las denominadas máquinas de subjetivación podemos concebir la presencia de una experiencia transubjetiva contemporánea, que lo mismo comprende las relaciones interpersonales y su ambiente; que a los dispositivos tecnológicos, institucionales, masmediáticos que intervienen en ella.

 

 

El arte como dispositivo re-significador (subjetividades emergentes–individuales y colectivas)

La potencia estética de sentir exige actuar políticamente y ocupa una posición privilegiada en “las conformaciones colectivas de enunciación de nuestra época”[6]. Abordar la subjetividad humana nos remitirá siempre al espectro de la sensibilidad, porque no hay cosa, situación, institución, idea, experiencia u objeto que transforme al sujeto sin haber rozado al menos una de sus fibras sensibles “las máquinas tecnológicas de información y comunicación operan en el corazón de la subjetividad humana, no únicamente en el seno de sus memorias, de su inteligencia, sino también de su sensibilidad, de sus afectos y de sus fantasmas inconscientes” ¿Cómo una obra de arte puede producir sensaciones?

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

Pensar el arte como operario de nuevos sentidos nos lleva a una relectura del arte mismo, que versaría sobre una emergente potencialidad, ya no en la obra de arte, su función y recibimiento, porque no son cuestionables, sino que en tal ejercicio de recepción, se posibiliten y generen espacios de emergencia ética, política, creatividad y crítica.

“Lo importante no es la mera confrontación con una nueva materia de expresión, sino la constitución de complejos de subjetivación: individuo-grupo-máquina-intercambios múltiples. En efecto, estos complejos ofrecen a la persona posibilidades diversificadas de rehacerse una corporeidad existencial, salir de sus atolladeros repetitivos y en cierto modo resingularizarse”.[7]

La relación estética entre diferentes palabras, imágenes, líneas, objetos, texturas, materias, experiencias, genera relaciones potenciales en dicho diálogo, la potencia del arte radica en que puede trabajar desde los márgenes de apertura de dichas relaciones. En palabras de Guattari, lo importante en el arte no es si se trata de un objeto “dado” en coordenadas extrínsecas (ajenas a las coordenadas de orden regular histórico-temporal) sino de una conformación de subjetivación que otorga sentido y valor a Territorios existenciales sui generis, territorios que habrían de posibilitar una cartografía subjetiva diferente, con coordenadas que se desalinean en el mapa dibujado por las estructuras sociales, los órdenes económicos y las estancias culturales predeterminadas; “una pluralidad de mundos simultáneos, una simultaneidad de presentes en diferentes mundos”.[8]

En ejercicio hermenéutico me permito acudir a las ideas del filósofo Jaques Rancière, para comprender y asumir la dimensión estética de la sociedad como una fábrica de lo sensible, es decir, un reparto de formas, tiempos y espacios para la construcción de un mundo sensible común. Como expone el autor, esta idea nos lleva a un “peculiar interés por los actos estéticos como configuraciones de la experiencia, que dan cabida a nuevos modos del sentir e inducen nuevas formas de la subjetividad política”.[9] Este asomo ligero a las ideas de Rancière podría llevarnos a creer que el arte, como lo hiciera en el siglo XX, tenga como objetivo abanderar la utopía de la emancipación y transformación social, como hicieran las vanguardias de posguerra. Lo que nos ocupa pretende más bien vislumbrar lo estético, como un modo de articulación entre maneras de hacer, formas de visibilidad de esas maneras de hacer y modos de pensabilidad de sus interacciones, como un dispositivo de re-significación de la condición humana, que nos ayudaría a transitar hacia una sensibilidad diferente, en un mundo en caos.

No es una transformación social utópica e intensa lo que se solicita, sino que la tarea que se le obliga al arte en nuestro tiempo comprende entre otras cosas reivindicar derechos individuales y a veces colectivos, posibilitar y construir espacios, territorios de uso común desde la singularidad y con respeto de la diferencia e interpelar una fuerte necesidad de expresión de los sujetos, ante una realidad invadida por tragedia, violencia, desesperanza y desahucio, en pocas palabras: concebir modos de habitabilidad del mundo con matices éticos, políticos y estéticos; claro está, esto sólo sería posible si el arte buscara superar las expectativas establecidas por el mercado y de la reproducción del orden establecido.

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

El arte puede ser entendido como un vehículo para hacer sociedad, cuya pretensión sería justamente, generar el encuentro necesario entre diversas clases y sectores sociales, procurando nuevas formas de usos comunes y de un sentido de pertenencia compartido, que no es otra cosa que el humanismo que requiere nuestra sociedad contemporánea. Es decir, regresarnos la esperanza de creer en el ser humano como centro de las cosas, pero no desde la visión antropocéntrica del pasado, sino que estaríamos reivindicando el valor supremo de la vida, que a través de lo sensible transforma la experiencia, que encuentra en el pensamiento creativo una forma diferente de vivir y convivir, favoreciendo a nuestros niños, jóvenes y mujeres y sociedad en general para dejar de caminar sobre una cuerda floja.

Nuestra época persiste en la multiplicidad, la autenticidad, la fugacidad y la mortalidad, y pone un traspié al arte categóricamente definido y lo problematiza. El arte actual (entre lo moderno y lo posmoderno) gracias a sus atributos estéticos, nos ayuda a comprender nuestra existencia desde un umbral distinto; el sujeto, en su experiencia y su sentir. Es justamente esta reflexión la que se requiere para hacer frente a una realidad que finalmente superó a la ficción, a la novela policiaca y a la peor de nuestras pesadillas. El arte es pues, una fábrica de objetos, pero sobre todo de experiencias, que coexisten, trascienden y problematizan a la consciencia humana, a su vez, el arte, aunque a veces se resiste, pertenece al hombre, a su condición, a su vida y a su existencia: a su subjetividad, individual y colectiva.

El arte de hoy convive con actos de violencia, muerte, crimen organizado, explotación, migración, exclusión, pornografía, pobreza, discriminación y demás problemáticas derivadas del mundo neoliberal y sobre explotado, que en una extraña mezcla configuran una serie de categorías de los seres humanos (que nos hemos llegado a creer). La tarea del arte sería pues desdibujar dichas categorías y reivindicar al ser humano como un sujeto sensible a su realidad y a la del Otro; esto, por mucho, cambiaría las formas en que nos relacionamos actualmente.

El arte por el arte es cosa del pasado, y es indispensable reconocerle una nueva tarea, el nuevo paradigma estético para nuestra sociedad debe estar dotado de implicaciones ético-políticas, que conlleven un sentido de responsabilidad, para autoafirmarse como foco existencial.[10] El arte, o mejor aún, el acercamiento, práctica, disfrute y conocimiento del arte habría de funcionar, desde sus metodologías propias y su poética, como un dispositivo re-significador de la subjetividad humana, que incite a sensibilizar, a transformar las posibilidades de los sujetos, para que en un ejercicio de respeto, responsabilidad y voluntad construyamos una sociedad sin miedos, de-construyamos el orden establecido y generemos una revolución de la existencia. No armaríamos un batallón ciudadano contra la violencia y el crimen, eso sería imposible; tampoco se pretende que los gobiernos hagan de la vista gorda y continúen sin procurar el bien común y la seguridad, que sí son su responsabilidad en los cargos de administración pública, más bien, se trata de voltear a ver al arte, a las artes, como una herramienta, vehículo de nuevas visiones y configuraciones de la realidad de los sujetos, desde el umbral de la creatividad y la autoafirmación ética y política.

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

 

Deliberar en el arte desde una dimensión pública, común y creacionista, rebasa sus funciones otras y revela una dimensión estética de estar-en-el-mundo, que al igual que en las culturas primitivas podría ayudar al hombre a comprender su existencia dentro del caos. El contexto transforma y altera el significado y cómo la interrelación entre tiempo y contexto son determinantes en el arte, y agrego, en la vida de los sujetos. Es decir, el arte nos enseña a ver y sentir el mundo desde su configuración singular y podría posibilitar una subjetividad más plural, rica, diversa y afirmativa, que pueda hacer frente a la violencia, a la estandarización y a la exclusión, con nuevas y mejores herramientas.

Pues el arte en la actualidad, para nosotros, se vuelve significativo debido a que puede contribuir a la generación de procesos de subjetivación, experimentación y reapropiación de la condición humana, es decir, una mejor vida.

Todo en el arte crea formas nuevas, mismas que contribuyen a crear una realidad disidente. El arte se presentaría como un dispositivo de emergencia que genere encuentros, posibilidades y potencias de transfiguración, apertura y respeto a la diferencia. Hoy en día se requiere de hacer el viaje acompañados, busquemos una nueva simbiosis entre arte, educación y política, que tenga como horizonte un humanismo descentrado, bastión de una vida en paz.

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

 

Derivaciones y conectividades de arte, educación y política

Como producto y herencia de la modernidad la subjetividad, como categoría de pensamiento nos permite contraponer lo singular a lo universal, la experiencia singular de frente al mundo, real y simbólico. Este ejercicio visibiliza los referentes singulares y colectivos, los territorios afirmativos que conforman la subjetividad, y por tanto, sus cartografías. A su vez, el arte, categóricamente definido, es también un producto de la modernidad y su configuración es inseparable de una época centrada en la subjetividad humana y su autonomía. Por último, la educación, entendida en sus referentes modernos, es un proceso de autonomización del pensamiento y por tanto del sujeto, y como consecuencia una afirmación política. En resumen, pensar la subjetividad contemporánea no significaría renunciar a sus características modernas de emancipación, antes bien, re-significar la subjetividad, permite comprender una emancipación enajenada de sus referentes materiales objetuales y económicos y virarlos hacia el espectro de los márgenes existenciales y de la posibilidad. El arte – según Guattari- constituye, entre otras cosas, una práctica de subjetivación excepcional para configurar el horizonte de experiencia, de ahí que sea permisible creer que ciertas prácticas y experiencias en el arte contemporáneo podrían potenciar una subjetividad creacionista. 

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

La apuesta radica en repensar cartografías plurales y dinámicas en los territorios del arte, la educación y la política, que puedan configurar una producción de la subjetividad crítica y emancipadora. El camino no ha sido trazado aún, pensamos, somos y proponemos desde el umbral de la emergencia. Se trataría en principio de comprender la educación en el régimen de la filiación al tiempo: aprender es siempre algo que acontece[11] – esto nos permitiría viajar hacia territorios que aunque inestables, son potenciadores. Aprender en la experiencia compromete al sujeto a situarse en una postura afirmativa frente al mundo, en un instante único y significante, que puede incitarle o no a una acción consciente y por tanto ética y política. Por su parte, el arte tiene indiscutiblemente una dimensión pedagógica, no hay arte que no sea ya un ejercicio de apropiación – comprensión del mundo, en tal sentido el arte de vivir y el arte de pensar son ejercicios de la actividad política de la subjetividad humana. Los cruces del pensamiento crítico son muchos y posibles a la vez.

El objetivo último, aunque no determinante, de este ejercicio de interconexión, consiste en desdibujar los límites que existen entre lo educativo, lo estético y lo político y claro está evidenciarlos en nuestro paso por el mundo. “Es necesario comprender las nuevas formas y deconstruir cognoscitivamente su fundamento, encontrar su punto de debilidad y actuar sobre él”.[12] Encontrar la posibilidad en los márgenes, abrir y expandir el horizonte de sentido no sería posible si se conservan las categorías histórica y económicamente predeterminadas. Por tal motivo, la propuesta debe en todo momento pensarse desde el margen, desde la emergencia de sentido a partir de la negación, deconstrucción y desdibujamiento de lo que conocemos para seguir conociendo. Para matizar, y como advierte el mencionado autor, no hay que olvidar que el desarrollo de nuevas formas de sensibilidad, tolerancia y creatividad, significan a su vez nuevas formas de barbarie y conformismo ligado entre otras cosas al consumo y al beneficio tecnológico, sin duda estamos en un viaje sin destino cierto.

 

La bienal de Mercosur – Porto alegre, Brasil- el – no-lugar de la emergencia

La Bienal del Mercosur es una muestra internacional de arte contemporáneo que se realizaba en Porto Alegre, Brasil cada dos años, es producto de la iniciativa conjunta de sectores privados y públicos, entre empresarios, coleccionistas, productores y artistas apoyados por el gobierno del estado, que en principio buscaba situar un intercambio cultural entre diversas naciones en Latinoamérica y posicionarse dentro del marco internacional económico y artístico.

Desde su origen, se identificó por tener una notoria inclinación por el desarrollo de un programa pedagógico interconectado con el espacio expositivo, es decir una serie de actividades lúdicas que ayudaran al público a acercarse al acervo. A lo largo de sus ediciones, su diseño se fue tornando cada vez más pedagógico, dejando atrás el entendimiento de lo educativo como breves lecciones de apreciación del arte y hasta convertirse en el escenario donde emergiera la curaduría pedagógica, como una interesante versión del compromiso del curador más allá del terreno de la exposición. Con un programa educativo especializado y responsable de la formación y desarrollo de actividades de este tipo, la Bienal transitó, de manera natural, hacia un nuevo paradigma (principalmente en tres de sus ediciones):

“La sexta bienal de Mercosur fue reconocida como una bienal pedagógica. Esto se debe por un lado, a la figura del curador pedagógico – función creada por Gabriel Pérez –Barreiro, curador general de la muestra, en respuesta a una necesidad identificada en la trayectoria de la Bienal de Mercosur y al interés y predisposición de la institución de la Bienal de Mercosur de atender las demandas de su público escolar”.[13]

Este cambio en el paradigma constitutivo de la bienal permitió una mayor integración con la comunidad y diferentes públicos, además del escolar. Tras la experiencia de la sexta Bienal, la Fundación Bienal del Mercosur inició un proyecto de acción educativa permanente caracterizado por una comprometida promoción del pensamiento crítico y creativo, a través de actividades que lo mismo eran formativas, artísticas y políticas, en al unísono. Además de transitar desde lo regional a lo global y buscar potenciar el arte latinoamericano en el mundo, la bienal rompió el esquema y creó un escenario de apertura hacia las formas en que los artistas abordan fenómenos desconocidos, impredecibles y aparentemente incontrolables de la vida contemporánea y en que los educadores y pedagogos perciben la formación y por su puesto al arte. Con metodologías artísticas y desde narrativas poéticas (que sólo el arte permite) se logró trascender la particularidad geográfica y categórica de la tradición artística y cultural. En dicho fenómeno la figura del curador pedagógico fue crucial, porque su tendencia efectiva hacia la reflexión sobre la praxis y de retroalimentación con las formas de recepción por parte de la comunidad es una tarea de verdadero compromiso.

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

El curador pedagógico lleva la educación en el arte más allá del círculo de la educación artística tradicional hacia la experiencia estética. El arte y la educación que se enclaustran en la tradición e institucionalidad olvidan su carácter formativo en aras de un proceso evangelizador, trasgresor, a veces impositivo y previsible. Plantearse la enseñanza del arte significa en principio tomar una posición sobre la tarea pedagógica y sus objetivos, dicha postura permitirá vislumbrar el tratamiento de los conceptos de arte, sujeto, conocimiento y aprendizaje sobre los cuales se desarrolla dicha formación. Asociada a la diversidad de filosofías educativas existentes, hay también una rica variedad de contextos nacionales e internacionales que posibilitan a su vez, numerosas formas de ver, aprender y enseñar el arte, tal es el caso de la Bienal de Mercosur, en Brasil o los múltiples escenarios en México.

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

En casi todos los sistemas educativos conocidos se percibe una confusión entre lo que es enseñanza y aprendizaje. Un sistema escolar o un programa pedagógico en este caso, suele descansar en una ilusión: lo que se aprende resulta de lo que se enseña. Empero, la mayoría de las personas adquieren la mayor parte de sus conocimientos fuera de la escuela. Esto quiere decir que el aprendizaje normalmente ocurre de manera casual, socialmente, y cuando se piensa en aprendizaje intencional, éste normalmente no es resultado de una instrucción programada.[14] La emergencia de prácticas pedagógicas creativas es uno de los temas nodales de nuestro tiempo, mientras que la inmersión del arte en la formación escolarizada ha sido por mucho tiempo una discusión irrefutable.

Podríamos creer que la Bienal acudió (no sabemos si a consciencia) a la pedagogía crítica como disciplina central, ya que lograron problematizar de una manera bastante exitosa, el campo del arte y las prácticas educativas, llevándolo además a la praxis. La pedagogía crítica aglutina y reflexiona en torno a un sinnúmero de visiones, propuestas y versiones de la educación, pero todas comparten una misma premisa: la politización de la práctica educativa como una experiencia libre y democrática. La educación como práctica política radical es un elemento nodal de la pedagogía crítica y un denominador común con la tarea potenciadora que abandera el nuevo paradigma del arte. Cuando los puertos de la pedagogía se abren de una formación artística a la experiencia estética, el arte explota su faceta más creativa, se problematiza a sí mismo, se mezcla con la vida.

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

El fenómeno de la bienal de Mercosur fue posible a pesar de un dificultoso clima derivado del contexto histórico político del país, valga decir que para el arte y para la educación: en un espacio y tiempo determinados la oportunidad es singular. No podemos desdeñar la importancia del contexto para todo proceso de emancipación y apertura. Es crucial considerar que los márgenes de posibilidad actúan desde su singularidad y maleabilidad.

 

La curaduría como una praxis educativa expandida

La curaduría, o mejor aún, la figura del curador artístico podría comprenderse como un agente activo en el ejercicio de valores estéticos que transita en el territorio del arte y la cultura, y cuyo margen de acción se encuentra principalmente en tres sectores, la labor museística, las exposiciones artísticas y el coleccionismo de arte. Pensar la curaduría más allá de dicho territorio tendría por condición un argumento de fondo; salir de la categoría al margen podría llevarnos a un peligroso relativismo. Cuando se busca y se especula desde la transdisciplinariedad el peligro es todavía más grande. Dicho esto, cuando la curaduría comenzó a pensarse desde el perímetro y no en el centro, lo que siguió no fue casualidad, como expresara Luis Gilherme Vergara la curaduría educativa, como una estrategia, tiene como objetivo explotar el potencial del arte como vehículo de acción cultural.[15]

La curaduría pedagógica se desarrolló en un entorno institucional comprendido por las relaciones derivadas de un complejo expositivo de arte contemporáneo, la necesidad de que este nicho saliera de su anquilosamiento museístico y una muy marcada tendencia hacia el programa educativo que ya de por sí estaba relacionado al espacio expositivo; “para la Bienal de Mercosur la curaduría pedagógica garantizó un lugar de reflexión sobre educación y la posibilidad de construir un proyecto pedagógico verdaderamente eficiente, en el sentido de abrirse a las demandas de la comunidad al realizar un trabajo continuo y permanente”.[16]

La premisa singular de este proyecto gira en torno la deconstrucción de los conceptos, espacios y acciones que en las bienales suelen existir y su sugestiva migración hacia el territorio de lo re-conocible. Es decir, la exposición, el programa pedagógico y la atención a público se habrían de construir como apartados bien delimitados de una misma cosa, y a la vez, difícilmente se pensaban como una entidad indivisible. Si como antes dijimos, el arte es en sí un ejercicio educativo de apropiación del mundo y lo educativo es poético (estético) teniendo en cuenta que lo estético articula las formas de hacer, les da visibilidad y reflexiona sobre sus interacciones; pensar dichas instancias separadas una de la otra parece, dentro de esta contemporánea perspectiva, anti natura.

 

ADAM MARTINAKIS

ADAM MARTINAKIS

Por otro lado, se requiere decir que este tránsito hacia el margen entre lo institucional y lo que deviene en la práctica, en la acción descentralizada, tanto para la Bienal como para el arte en general, no describe un simple reposicionamiento de las tareas que componen a la curaduría, la pedagogía, la educación y la actividad artística en el campo cultural; menos todavía una simple superposición, lo que sucede, como Guattari sugirió, es una interesante organización (aglomeración) de factores heterogéneos de subjetivación, de ahí su potencia creativa y creadora.

Esta propuesta, al igual que la reflexión en torno a ella, radica en desmarcar al arte y llevarlo al ejercicio singular- no de apreciación- sí de apropiación; de hacer transitar a las metodologías educativas preconcebidas hacia el descubrimiento de lo que acontece antes, durante y a través de lo que se aprende/aprehende, y de propiciar el encuentro, como una acción de mediación creativa que concibe al público como el Otro, ya no como grupos sociales determinados, sino como una ecuación de la singularidad “No hay un Ser ya-ahí (…) el tiempo no existe como continente vacío. Las relaciones de temporalización son esencialmente de sincronía maquínica”;[17] por tanto, para comprender las interrelaciones que la llamada curaduría pedagógica propiciara alrededor de un espacio expositivo, habría que, en principio, comprender dicho espacio expositivo como el –no lugar –. Porque es y no.

ADAM MARTINAKIS

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Por último, la curaduría pedagógica es una práctica educativa expandida, porque si bien tiene como centro y pretexto al arte como institución en su carácter objetual, por otro lado su dimensión estética y sus metodologías poéticas posibilitan y potencian un quehacer de apropiación, singularización y significación del sujeto concomitantes en el acto de aprender/aprehender, es entonces que los límites se desdibujan, se teje una red subjetiva y parece imposible distinguir entre los procesos del arte, los educativos y los de afirmación política. Además, se postuló como una acción continuada, aunque la duración de la bienal se proyectara en promedio a dos años, sus extensiones rebasaron los tiempos lineales hacia lo infinito: el no lugar de la subjetividad humana.

La curaduría pedagógica dio visibilidad a algunas de las cuantiosas maneras posibles de hacer operar los símbolos existentes en juego con los símbolos del Otro logrando evidenciar los lugares comunes y las diferencias, a saber los espacios de emergencia, un verdadero ejercicio de singularización de la vida humana, a veces un acto político, otras un interfaz poético, pero casi siempre una estrategia desestabilizadora.

 

Un análisis limítrofe – el contexto y el escenario en México

“Deberá admitirse que cada individuo, cada grupo social vehiculiza su propio sistema de modelización de subjetividad, es decir, una cierta cartografía hecha de puntos de referencia cognitivos pero también míticos, rituales, sintomatológicos, y a partir de la cual cada uno de ellos se posiciona en relación con sus afectos, sus angustias, e intenta administrar sus inhibiciones y pulsiones”.[18]

ADAM MARTINAKIS

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La asimilación de las realidades alternas y alternativas deriva en una complementariedad de los territorios. Lo externo- lo ajeno – es, en tanto nuestro presente que acontece nos significa y es cercano- propio. Esbozar las cartografías latinoamericanas es un reto tan extenso como su geografía misma. Si bien las latitudes de sentido convergen en puntos como el lenguaje, los símbolos, los sabores, las sonoridades o el clima, lo cierto es que los procesos culturales, los contextos, la historia y las instituciones implican elementos sociales que rebasan las similitudes regionales y así también los procesos de subjetivación individual y colectivas.

Aunque es deseable que para México los procesos de apertura y descentralización institucional (arte, educación, política y cultura) sean si no inmediatos sí reflexivos y propositivos, la situación es más compleja. En el territorio latinoamericano países como Brasil y Colombia han demostrado que es imprescindible comprender y profundizar las problemáticas del contexto regional y por otro lado reconocer el potencial creativo de la dinámica global; trabajar paralelamente en ambas coordenadas inventa un margen de acción verdadero, no se puede ser demasiado ingenuo para navegar el barco solo, ni demasiado ambicioso como para únicamente quedarse con el tesoro.

ADAM MARTINAKIS

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Como ya advertíamos, el contexto mexicano logra coincidir en puntos críticos con otras sociedades latinoamericanas, pero difícilmente podríamos reproducir idénticamente los fenómenos que han acaecido, para bien o para mal, en cada una de ellas. El contexto mexicano es tan singular que incluso para Latinoamérica resulta excepcional, con matices de alto contraste y contradicciones únicas, México es para muchos un paraíso difícil habitar. El arte y la cultura en México se leen en códigos complicados, porque por un lado su riqueza, diversidad, tradicionalismo, historicidad, productividad y persistencia han configurado una extensa variedad de elementos que vale la pena preservar, proteger y admirar, mientras que su creatividad, problematización, expansión hacia lo global e hibridación constante implican y requieren de nuevos paradigmas institucionales y sociales.

Un ejemplo de esto puede leerse de la siguiente manera, en la región latinoamericana México se postula como un país con una infraestructura museística grande y diversa, para cuya existencia y preservación se enlistan un sinfín de vaivenes políticos y administrativos y la necesidad de un presupuesto de dimensiones considerables; mientras que el arte contemporáneo mexicano lo mismo germina creativamente que tropieza repetidamente con una estructura institucional y políticas paternalistas que privilegian la tradición histórica. Valga cuestionarnos en torno a ésta y muchas otras problemáticas de carácter contextual si es posible transitar de las formas institucionalizadas centralizantes a formas mayormente democráticas y críticas en el seno de una sociedad tan compleja y recientemente absorta por la violencia.

ADAM MARTINAKIS

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Mientras que el contexto nos contiene y nos ahoga, la potencia emerge en los escenarios creados, no como el genio que crea la cosa, sino como la incubación de márgenes de acción, con posturas transversales, democráticas, descentralizadas, colectivas, críticas y creativas. Distingamos pues, el contexto se presenta como un conjunto de elementos que circundan y atraviesan las formas de subjetivación sociales e individuales; el contexto posibilita el ejercicio hermenéutico y etnográfico de nuestra cartografía singular. En tanto que el escenario (los escenarios), entendido como el lugar donde se desarrollan sucesos o acciones, ocurre en, desde y a pesar del contexto.

Los escenarios son pues un conjunto de elementos superpuestos al contexto, que se plantean con uno o varios objetivos específicos y que no podrían funcionar si no son dispuestos orgánicamente. En el contexto, igual que en el teatro, un escenario se considera pieza fundamental de la magia que ocurre consecuentemente; la Bienal de arte contemporáneo en Brasil es un ejemplo claro de lo que un escenario cultural puede ser/hacer, como ya se dijo antes, en, desde, y a pesar del contexto. En México, desde mi perspectiva, hablar de escenario en singular es un discurso comprometido, porque podríamos tender hacia un nuevo nacionalismo que además de virtual y simulado, se convertiría en una segunda ideología homogeneizante, menos perspicaz que la lógica del capital, pero igual o más peligrosa todavía. Encuentro que para México, y para sus regiones (porque no es lo mismo el norte que el sur del país) es necesario reconocer los escenarios culturales que emergen simultáneamente a lo largo de su geografía pero que funcionan en ritmos completamente diferentes. Una cartografía de los escenarios culturales en México sería sin duda un eficaz mapeo de focos existenciales-emergentes de subjetivación de la sociedad mexicana contemporánea.

 

A manera de conclusión

La fragmentación del conocimiento, de la sociedad y del sujeto nos ha impedido visibilizar las conexiones interdisciplinares que se requieren para cuenta de los procesos culturales en la actualidad. Dichas interconexiones existen de facto en la sociedad contemporánea y disponen las instancias de producción de una subjetividad polifónica y más compleja todavía. Se requiere atender desde la teoría el fenómeno de re-significación de conceptos tan abstractos y multifacéticos como la subjetividad misma, en aras de comprender lo que sucede con los sujetos en un mundo en pleno cambio, conquistado por la tecnología, definido por la crisis y una manifiesta oleada de actos violentos entre pares y entre naciones.

 

ADAM MARTINAKIS

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La pregunta inaplazable es cómo y con qué herramientas podríamos hacer frente a un contexto tan impositivo y errático como el nuestro, y sobre todo, generar opciones de transformación. Si consideramos al arte y la educación como disciplinas flexibles, potentes y creativas, que además evolucionan en simultaneidad con el contexto, podríamos asirnos de ellas para configurar un horizonte de comprensión centrado en los órdenes de la subjetividad humana. Sin embargo, si el arte es estimado desde la perspectiva del consumo la postura es otra y voluble. Por ejemplo, una asistencia masiva a un espacio expositivo (galería-museo) no revela necesariamente una extensión del arte hacia lo social o lo humano, recordemos que en su masificación la lógica del consumo estandariza y allana la singularidad humana. Mientras que su contrapeso, y como se ha descrito en esta reflexión, las prácticas consumistas han rebasado esta lógica lineal y se han convertido en un reflejo todavía más complejo de la subjetividad humana. El arte como un dispositivo re-significador de la existencia habría de acoger y posibilitar una comprensión profunda del contexto y actuar en uno o diversos escenarios, culturales, sociales y políticos.

ADAM MARTINAKIS

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Cuando apuntamos lo pedagógico como un proceso continuo y multidireccional, no se pretende virar al acto educativo hacia un orden relativista de las teorías de la educación y la pedagogía. Lo que es importante destacar es que el proceso educativo no es susceptible de estandarizar, es tan humano, real y vivo como la subjetividad misma. La apuesta por el arte contemporáneo no es ninguna coincidencia, sabemos que su materia prima se compone de las prácticas, pensamientos, ideas, usos y recursos de la era postindustrial, y su tarea es absorberlas, problematizarlas, mostrarlas y transformarlas en experiencias estéticas destinadas a generar nuevas formas de pensamiento, así como de entender y vivir nuestro cuerpo, nuestra subjetividad, y por ende, el mundo.

Las dinámicas de convivencia contemporáneas, de las ciudades sobre todo, han esterilizado la actitud política de los sujetos, los ha llevado a transitar en territorios de exclusión donde difícilmente podrán notar el sonido de su voz, contrario a ello, adquirir consciencia, participar del pensamiento crítico y ejercer una postura supone una actitud política además de estética, así sería posible transformar apatía, conformismo, acrítica e impotencia en acciones conscientes y críticas, aunque no siempre. El regreso a la comunidad, a lo colectivo, desde el reconocimiento del Otro (otros) es un acto cívico. La actitud estética, en su carácter pedagógico y creativo, constituye un ejercicio de auto producción de subjetividades críticas. Las reflexiones que anteceden no tienen otra pretensión que no sea problematizar potencias creativas, críticas y políticas en y desde el arte a partir de subjetividades subversivas; en México la discusión está sobre la mesa.

 

Bibliografía

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  12. Wallerstein, Immanuel. Análisis de sistema mundo,, Siglo XXI, México, 2006.

 

Notas

[1] Félix Guattari, Caosmosis, ed., cit., p. 25.
[2] Ibidem., p. 14.
[3] Ibídem., p. 124.
[4] Ibídem., p. 20.
[5] Ibídem., p. 15.
[6] Ibídem., p. 125.
[7] Ibídem., p18
[8] Ibídem., p. 116.
[9] Rancière, Jacques, El reparto de lo sensible, ed., cit.
[10] Félix Guattari, op. cit., p. 130.
[11] Fernando Bárcena, La experiencia reflexiva en educación, ed., cit.
[12] Franco Berardi Bifo, Generación Post-Alfa Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo, ed., cit., pp. 10-11.
[13] Mônica Hoff, Curaduría pedagógica, metodologías artísticas, formación y permanencia: el giro educativo de la Bienal del Mercosur, ed., cit.
[14] Moacir Gadotti, Historia de las ideas pedagógicas, ed., cit.
[15] Luis Gilherme Vergara, Curadurías Educativas: Percepción imaginativa en: Mônica Hoff, “Curaduría pedagógica, metodologías artísticas, formación y permanencia: el giro educativo de la Bienal del Mercosur”, en ed., cit.
[16] Félix Guattari, op. cit., p. 48.
[17] Félix Guattari, op. cit., p. 45.
[18] Ibídem., p. 22.