Revista de filosofía

Editorial #50

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Muchas veces llegamos a conocer las cosas por medio de una intuición. De alguna forma estamos seguros de que ciertas imágenes, sensaciones o eventos se encuentran inevitablemente relacionados, como cuando, aun hallándonos en un momento de profunda zozobra, tuvimos la clara sensación de que la vida no podía estar limitada a un solo punto vista; tuvimos la intuición de que nuestras emociones y las cosas del mundo quizá no estaban separadas. Una idea primaria nos contó que era posible establecer una comunicación profunda con la naturaleza, que tal vez las plantas, los minerales y la tierra no viven desprendidos de los cambios que experimentamos, y que quizá otras personas han compartido el mismo sueño. Es esta primitiva sensación de la unidad lo que todos tenemos en común con la alquimia, que no es más que un conjunto de saberes y prácticas que terminan por llevarnos a nosotros mismos, a descifrar el misterio que une cada parte del mundo externo con nuestro propio mundo interior. Desde esta revelación casi prístina, los invitamos a adentrarse en el significado de los procesos alquímicos, aquellos que, a través de la transmutación y la purificación de ciertos elementos, nos han desvelado la riqueza que existe en unir lo que se había separado.

Saraí Santos y Karina Alejandra