Revista de filosofía

De la gnomónica y el Ser

805
TOBA KHEDOORI, “UNTITLED (MOUNTAINS 2)” (2011)

TOBA KHEDOORI, “UNTITLED (MOUNTAINS 2)” (2011)

 

Resumen

El “hombre moderno” es el único del género homo que conoció el gnomon solar, y fue esta práctica la que planteó la necesidad de pensar en el Ser. Esto aconteció luego de advertir que nuestro cuerpo se comporta como un gnomon solar, que al sustituir por un palo, menhir o estela gnomónica, la reproducción material y su diferencia que lo reemplaza, se sumó a lo dado naturalmente. La práctica gnomónica permitió que al diferenciarnos como sujetos, nos tomemos cual nuestro propio objeto, para de ese modo, inevitablemente hacernos a nosotros mismos (humanización). Al vernos como un otro, nos interrogamos e indagamos profundamente por el Ser y como Ser (reflexión).

Palabras claves: gnomon, Ser, reproducción, sujeto, objeto, humanización

 

Abstract

The “modern man” is the only of the genre homo who knew the solar gnomon, and it was this practice that posed the need to think about the Self. This happened after noticing that our body behaves like a solar gnomon, and after replacing it with a stick, menhir or gnomonic wake, the material reproduction and also its difference, added in to that which is given naturally to us. It is that the gnomonic practice allowed us, by differentiating ourselves as subjects, to take ourselves as our own object, to inevitably become (humanization). When we see ourselves as someone else, we interrogate ourselves and inquire deeply about Being (reflection).

Keywords: gnomon, Being, reproduction, subject, object, humanization

 

Se les da la etiqueta de «Homo sapiens moderno» tanto a aquellos humanos que poseen las características anatómicas de las poblaciones humanas actuales, como a las poblaciones que corrientemente se les atribuyen “comportamientos modernos”, aunque a veces, estos comportamientos no sean del todo claros.

En tal sentido e intentando dar con una línea divisoria menos difusa, debemos decir que, conforme a las evidencias halladas en casi todos los sitios arqueológicos, se muestra que hay un comportamiento tardío y arqueológicamente objetivo que se halla indisolublemente ligado al humano moderno y mediante éste, indudablemente, podemos diferenciarlo de manera excluyente; ese comportamiento es, sin duda alguna, “la experimentación gnomónica”. Actividad práctica que no se verifica arqueológicamente ni se presupone en ninguna otra variante humana. Los comienzos de esta actividad habrían sido llevados a cabo por el hombre moderno, con el inevitable compromiso del propio cuerpo entregado al juego y la experimentación gnomónica en torno a su propia sombra. Esto tuvo que ser de una manera indiferenciada entre lo que constituye el cuerpo (ente) y la instrumentación. Es decir que el instrumento gnomónico ha debido ser el propio cuerpo humano como objeto productor de sombra.

ESTELAS TOLTECAS EN TULA (S. X D.C.)

ESTELAS TOLTECAS EN TULA (S. X D.C.)

Así, “ente” e “instrumento gnomónico” eran una y solo una misma cosa.[1] A la vez que, más tarde, motivados seguramente por nuevas necesidades ligadas a la procuración del sustento diario y con mayor aproximación a finales del paleolítico superior, esta práctica gnomónica de producir, comparar y direccionar las sombras se comenzó a realizar de forma desdoblada. Entre lo que pasó a ser el “ente humano experimentador”, por un lado, y el “gnomon solar inorgánico y material plantado en el suelo”, por el otro. En estas condiciones se ingresa a los tiempos de los crómlechs, levantados con postes o menhires, y la aparición de las mega-estructuras líticas.

VERNE DAWSON, STANDING STONES IN BRITTANY (2018)

VERNE DAWSON, STANDING STONES IN BRITTANY (2018)

De esta evidencia material no suele hablarse como comportamiento moderno, quizás por ser de aparición tardía, sin embargo, es certeramente la única y más clara actividad diferenciadora de indudables rastros modernos.

Las evidencias gnomónicas sembradas por cuanto lugar del mundo haya llegado el hombre moderno, se manifiestan no solo en las estructuras materiales, sino que también y muy elocuentemente en los mitos originarios y en muchas de las celebraciones que, como el “Gillatún” mapuche o el “Mito de la creación tehuelche”, esconden y enmascaran los desarrollados conocimientos que cada pueblo tuvo de los fenómenos gnomónicos. Por otro lado, estos productos culturales hablan del correlato que guardan con la consumación del hombre moderno; aspecto que no se verifica en ninguna otra variante humana, ni la denisova ni la neanderthalensis. En consecuencia, la práctica gnomónica, aunque de evidencia directa tardía, es excluyentemente moderna.

HUGO RONDINONE, “SEVEN MAGIC MOUNTAINS” (2015)

HUGO RONDINONE, “SEVEN MAGIC MOUNTAINS” (2015)

Posiblemente, la desestimación de la práctica gnomónica como un posible marcador en la clasificación del llamado hombre de comportamientos modernos, se deba al hecho de que, materialmente, las evidencias son relativamente tardías, menores a los 15,000 años aproximadamente, frente a una antigüedad estimada de la especie de casi 300,000 años.[2] Sin duda alguna, ante tal situación, se piensa que este comportamiento no sirve para tal fin. No obstante, teniendo en cuenta que todo resultado último (ulterioridad) es la consecuencia necesaria y fundamento de una historia (anterioridad) muchas veces no percibida con las luces de la época, para hallar la determinación de la actividad gnomónica hay que ahondar y buscar detrás de cada menhir de piedra, un anterior gnomon de madera. Más atrás aún, hay que remitirnos al propio cuerpo biológico como el inevitable primer instrumento y medida de todas las cosas —“homo omnium rerum mensura est” (Protágoras)—.

CULTURA RAPA NUI, “MOÁIS” (CA. 1250-1500 D.C.)

CULTURA RAPA NUI, “MOÁIS” (CA. 1250-1500 D.C.)

Aceptando esta mirada y midiendo el tiempo en los términos de duración del neolítico (3,000 años), debemos pensar que hubo una primera etapa gnomónica en la que aparece el “humano moderno” jugando con su propia sombra. Esta etapa de juego (lúdica) con las propias sombras, pudo ser evolutivamente la más larga, con una duración aproximada de 60 “neolíticos”. Otra etapa, en la que luego de aprender a jugar con las sombras, el humano comienza a valerse de ella para orientarse en el tiempo y el espacio, pudo ser más corta: quizás de unos 30 neolíticos (paleolítico medio). Finalmente, una última en la que el hombre, ya conocedor de las sombras y técnicamente diestro, comienza con la reproducción material y exterior del cuerpo desdoblando la experimentación, etapa mucho más breve sin duda, de más o menos 3 neolíticos en la que se incluyen el paleolítico superior y el neolítico, es decir de los 15,000 años ya referidos.

 

Las evidencias que justifican esta clasificación, al principio indirectas y con anterioridad a los últimos 15,000 años plenos de gnómones solares materiales y plantados en el suelo, son, por un lado, las especulaciones teóricas ya enunciadas y basadas en la anterioridad evolutiva. Pero, por otro lado, también se verifican a partir de un atento análisis en torno a las aritméticas antiguas. Si bien es cierto que se comenzó a contar con los dedos de manos y pies, y de esa actividad habrían surgido los números naturales, los primeros quebrados (fracciones numéricas), sin embargo, pudieron tener su origen al considerar distintas posturas del cuerpo humano para provocar, en consecuencia, distintas longitudes y direccionamientos de las sombras del cuerpo humano en su función de gnomon solar.

LEE UFAN, “RELATUM – STAGE” (2018)

LEE UFAN, “RELATUM – STAGE” (2018)

Al tomar la altura humana de cualquier persona como unidad, por ejemplo 4/4, se verifica que la misma mide 3/4 de su altura cuando se sienta en una silla (postura sedente), en tanto que cuando hace lo propio de glúteos en el suelo, mide 1/2 de su altura. Algo semejante ocurre al considerar la unidad en tercios. Es decir, que siendo la altura de 3/3, mediante una postura de rodillas, frecuentemente utilizada por el arte antiguo, se logran los 2/3 de la unidad.

Si volvemos a la unidad dividida en cuartos, donde una misma persona rectamente parada en unidad de 4/4, sentada mide 3/4, podemos verificar que al relacionar ambas medidas cual sendos catetos de un triángulo rectángulo, se determina una hipotenusa de 5/4 que, curiosamente, es lo que mediría esa misma persona si levanta y estira los brazos sobre su cabeza. El triángulo rectángulo determinado en fracciones de cuartos corporales no es otro que el conocido triángulo sagrado o isiaco de lados 3, 4, 5. Lo que estamos diciendo es que los orígenes de las fracciones y el estudio del triángulo rectángulo tienen que ver con las posturas corporales y éstas, con el propósito de lograr determinadas longitudes y direcciones de las sombras gnomónicas.

OLAFUR ELIASSON, “THE WEATHER PROJECT” (2003)

OLAFUR ELIASSON, “THE WEATHER PROJECT” (2003)

Quien relacionó las posturas en “T” como persona de pie y brazos abiertos (180°), con la postura en “I” de la misma persona cuando se halla de pie con brazos extendidos (180°+45°), ha sido el investigador Luis Castaño Sánchez.[3] Nosotros sólo sugerimos incluir la postura de 3/4, por ser muy difundida tanto en las estatuas sedentes mesopotámicas como egipcias.

Así es como el triángulo rectángulo isíaco y las fracciones numéricas encuentran su correlato en las “posturas comunes” de una misma persona parada, sentada o estirándose de brazos sobre su cabeza; posturas que, paradójicamente, son las menos comunes del mundo de caza-recolección. Estar sentado sobre asiento, de brazos extendidos, arrodillado o sentado de glúteos en el piso, son posturas corporales de quietud y meditación y, por tanto, relativamente extraordinarias en el sigiloso mundo caza-recolector; pero, curiosamente, son las que se corresponden perfectamente con las fracciones excepcionales 2/3, y 3/4, de la aritmética egipcia, como así también, el frecuente uso de 1/2.

Es probable, entonces, que las fracciones egipcias en general y, principalmente, las que se corresponden con la subdivisión de la figura humana que configuran la excepcionalidad (caza-recolectora), ya sea 2/3, como 3/4, y 1/2, hayan sido productos muy tempranos de la prehistoria humana. Contradictoriamente, de manera muy tardía, se reflejan como sistema numérico, apenas en el Periodo Predinástico, pues los tiempos de experimentación precedentes son siempre más dilatados que los de la sistematización

RICHARD SERRA, “EAST-WEST/WEST-EAST” (2004)

RICHARD SERRA, “EAST-WEST/WEST-EAST” (2004)

 

Consideraciones en torno a la evolución de la especie

Es posible que el Homo erectus, que en sucesivas oleadas migratorias llevadas a cabo durante los 1.8 millones de años de su existencia, haya sido el primero de los humanos en desarrollo (en desarrollo encefálico y técnico), para luego seguir evolucionando su impronta fuera del continente africano y diferenciándose, en consecuencia, conforme se ha ido asentando en distintas latitudes solares, medioambientes y climas. Es posible también que del mismo modo en que lo hicieron las oleadas migratorias de Homo erectus, lo hayan hecho las más evolucionadas y tardías variantes de homo africanos, y entre ellas, las semejantes al Homo I y Homo II hallado en Etiopía, y que se estiman con una antigüedad de 195,000 años, para en algún momento y frente a los inevitables encuentros, hibridarse con los “erectus”. Finalmente, es posible que las variantes más tardías y evolucionadas que salieron de África lo hayan hecho siendo portadores del conocimiento gnomónico experimentado y del que éstos pudieron valerse para orientarse en el espacio y en el tiempo. De ser así, les habría permitido liderar la expansión migratoria de las distintas variantes humanas, valiéndose de este conocimiento cualitativamente moderno y del instrumento tan elemental como inmediato —el propio cuerpo—.

CULTURA DEL VALLE DEL INDO, “SELLO PASHUPATI” (SIGLO XXIV A.C.)

CULTURA DEL VALLE DEL INDO, “SELLO PASHUPATI” (SIGLO XXIV A.C.)

En África se encuentran las evidencias gnomónicas materialmente desdobladas (gnómones materiales que suplantan al cuerpo) más antiguas, lo que permite suponer que con anterioridad y durante muchísimo tiempo la experimentación gnomónica se llevó a cabo con el propio cuerpo como instrumento y a partir del juego con su sombra, como lo hacen muchos animales. En el sitio arqueológico Nabta Playa, ubicado al sur de Egipto y en las coordenadas 22° 32’ N, 30° 42’ E, se encuentra un crómlech lítico con diámetro de unos cinco metros aproximadamente, datado entre 6100 y 5800 a.C. Esta construcción gnomónica presupone una anterioridad temporalmente mucho más larga y arqueológicamente perecedera, de experimentación gnomónica con postes de madera; y otro período más largo y antiguo aún, de experimentación consciente con el propio cuerpo, en momentos en que el ser humano ya se sabía gnomon animal, vertical y ambulante a partir del uso del propio cuerpo como gnomon (Homo sapiens gnomónico). Este período es el que siguió al más largo y lúdico de todos, en el que todavía sin saberse gnomon, de hecho ya lo era, porque su sola condición eréctil proyectaba sombras que al ser percibidas por quien las provocaba, sin dudas, como lo hacen otras especies y los niños actuales, entablaba una inevitable situación lúdica de “juego con la sombra” (gnomon anthropos).

ANALEMA SOLAR EN ATENAS

ANALEMA SOLAR EN ATENAS

 

Consumación como especie única, moderna y gnomónica

La perspectiva filosófica que surge de considerar la práctica e incidencia de la experimentación gnomónica es que, más allá de la encefalización y características morfo-fisiológicas observadas en nuestros pretéritos extintos y las tantas veces citadas cualidades ostentadas respecto a la sociabilidad, racionalidad y afectividad (lo que indudablemente nos caracteriza como especie), además de todo esto, es la capacidad alcanzada para hacer que seamos nosotros los únicos que excluyentemente como “entes”, nos pensemos y preguntemos por el Ser como Ser ahí.[4] En tanto y a consecuencia (según estimo), de que nos supimos reproducir material y exteriormente nosotros mismos a partir de la construcción de un simple gnomon solar como prótesis supletoria del cuerpo (al principio), que con el paso del tiempo dio lugar a que todo nuestro entorno se convirtiera en una verdadera prótesis técnica, con la cual convivimos y progresivamente nos hibridamos a tal punto que nos sería muy difícil sobrevivir hoy sin el nivel técnico alcanzado.

RELOJ SOLAR EN MACHU PICHU (XV D.C.)

RELOJ SOLAR EN MACHU PICHU (XV D.C.)

El “ente humano” en sus comienzos y pese a ignorarlo, es en un gnomon solar, vertical y ambulante (gnomon anthropos). Luego de una etapa lúdica con su sombra en zonas tropicales, se descubre como tal (Homo sapiens gnomónico), y más tarde, ya en los finales del paleolítico superior, se reproduce de cuerpo entero (Homo faber), fuera de sí (desdoblamiento) material y exteriormente por medios no biológicos (técnica). Es la reproducción de sí, exteriorizada, lo que da lugar a verse en otro (otredad) como diferente (discernimiento). Necesariamente, es en medio de ese verse en otro como diferente cuando comienza a interrogarse por el Ser que es en su diferencia (reflexión). Esta experiencia de verse y reconocerse idéntico en el otro materialmente diferente se conjuga con el verse en el otro biológico e idéntico también (sociedad) y da lugar a la proteticidad.

El cuerpo humano es el primer instrumento y unidad de medida, pues:

“El hombre de la naturaleza pura tiene todo en él, se lleva todo entero con él mismo, su cuerpo ‘es el único instrumento que conoce’, nunca le falta, no le erosiona ninguna escisión provocada por un proceso de diferenciación en el exterior de sí mismo y de diferenciación de un ‘exterior’ que le será esencial (interiorizado): no depende de ningún exterior.”[5]

Más bien, se proyecta exteriormente —se exterioriza— (en el gnomon material). No por casualidad, luego de que Platón expresara que es en el asombro o en la admiración donde está el comienzo del filosofar,[6] Aristóteles lo reafirma más tarde nada menos que valorando un fenómeno estrictamente gnomónico, al decir que “[…] todos comienzan a filosofar, por la admiración frente a los solsticios o frente a la inconmensurabilidad de la diagonal”.[7] Vale acotar que las salidas y puestas del Sol en los solsticios, dan lugar a sombras en diagonales dependientes de la latitud del lugar.

CRÓMLECH DE NABTA PLAYA, REPRODUCCIÓN DEL MUSEO NUBIO DE ASUAN (6,000 A.C.)

CRÓMLECH DE NABTA PLAYA, REPRODUCCIÓN DEL MUSEO NUBIO DE ASUAN (6,000 A.C.)

Como ningún otro ente animal, los humanos, luego de optimizar el bipedismo a fuerza de ensayar posturas gnomónicas más rectas, gráciles y sofisticadas, desdobla su cuerpo (cuerpo/gnomon). Es a partir de ese desdoblamiento corporal en cuanto a su condición de instrumento gnomónico natural, por un lado, y el cuerpo representado con un palo, poste o menhir (finales del paleolítico superior), por el otro, que pudimos vernos a nosotros mismos como otro (otredad). Esto nos permitió que, siendo sujetos, nos tomáramos cual nuestro propio objeto e inevitablemente nos hiciéramos a nosotros mismos (humanización), en tanto que, al vernos como un otro, nos interrogamos e indagamos profundamente por el Ser (reflexión). En este sentido, y desde la mirada gnomónica, estimamos que el preguntarse por el Ser se debió originar a finales del paleolítico superior, más precisamente, luego o en todo caso durante el proceso de desdoblamiento del cuerpo humano. El cual deja de ser ente biológico e instrumento solar indiferenciado, para convertirse en “ente experimentador” e “instrumento solar” material y objetivo, arrojado exteriormente.

RELOJ SOLAR EN LA CATEDRAL DE SEVILLA

RELOJ SOLAR EN LA CATEDRAL DE SEVILLA

Ya no es sólo el cuerpo humano un todo indiferenciado entre la cualidad de ente e instrumento que modifica su medio. Ahora, al desdoblarse, produjo un ente que observa y se observa como otro, experimenta y actúa, frente a un instrumento material y exterior al propio cuerpo, que lo sustituye en sus funciones de gnomon solar y unidad de medida de las sombras. A partir de este desdoblamiento objetivo entre ente e instrumento, se podría rastrear el surgimiento de la incipiente subjetividad desdoblada en el inconsciente correlacionado con el cuerpo biológico, de un lado, y del otro, el consciente ligado al hombre auto-reproducido materialmente en un palo, poste o gnomon exterior. Ese “otro”, en un palo, poste o menhir que representa al cuerpo propio, es la otredad efectiva que da lugar y motiva el preguntarse acerca de lo que “es” esa cosa exterior y material que sustituye a nuestro cuerpo.

Este proceso, que se entabla entre el sujeto y su cuerpo tomado como objeto, que luego pasa a ser un proceso entre el sujeto y el cuerpo reproducido materialmente (gnomon exterior), es de interacción mutua o dialéctica. Esencialmente se comporta como la misma naturaleza, según la cual los procesos, al alcanzar el nivel de lo orgánico (viviente), se internan y se convierten en estructuras que se reproducen a sí mismas, reconociendo como su Objeto lo que le falta como Sujeto, para reiniciarse o, lo que es lo mismo, sostenerse en su Ser.[8] Por tal motivo decimos que el sujeto humano, para seguir siendo, se toma a sí como su propio objeto conforme lo que le falta como sujeto. Consecuentemente, se moldea y reproduce a sí mismo, en función de lo que va siendo su objeto (humanización).[9]

RELOJ DE SOL EN AI KHANOUM (II D.C.)

RELOJ DE SOL EN AI KHANOUM (II D.C.)

De manera que, en lo filogenético, si aquellos humanos pretéritos querían ser más rectos y verticales para controlar mejor sus propias sombras, lo pudieron practicar con el propio cuerpo erguido durante más de 190,000 años. Esto habría de incidir epigenéticamente,[10] para dar el resultado que se verifica naturalmente en la forma de un consumado gnomon solar vertical, recto y ambulante, espigado y tan grácil que puede lograr posturas corporales en consonancia con las formas y direcciones de las sombras pretendidas. Técnicamente, con aquel palo originario que oficiara de gnomon solar, al interrelacionarse con otros instrumentos, instituciones y relaciones interpersonales, modificó el ambiente y provocó que se distanciase del sol que le dio origen (extrañamiento). Y en tanto que lo niega, paradójicamente se convierte en lo que hoy es un verdadero Cuerpo Inorgánico Social (CIS), en el que, inevitablemente, la idea del Ser cual idea de sí se ve arrojada y reconstruida mediante los mismos elementos técnicos (entes) convertidos en medio ambiente material y protético (CIS) que finalmente se comportan como la nueva especie con la que convivimos, apoyamos e hibridamos pasando del nivel de concreción biológico, al nivel de concreción humano.[11]

FEDERICO SILVA, “ESPACIO ESCULTÓRICO” (1977)

FEDERICO SILVA, “ESPACIO ESCULTÓRICO” (1977)

Según Bernard Stiegler, la técnica debe ser concebida como un constituyente antropológico porque la tecnicidad participa originariamente en la constitución del hombre (la hominización). No hay anthropos sin techné, dado que el hombre se inventa en la técnica,[12] y, en este contexto, el gnomon en su forma más primaria (cuerpo), por su simplicidad e inmediatez no puede quedar fuera del arqueo y estudio del pasado. “La proposición o máquina ideal del lenguaje”,[13] sumada al gnomon solar y el cuerpo inorgánico social, no son otra cosa que estadios del desarrollo material que dan al humano una dimensión superadora de lo solamente antropológico.

RELOJ DE SOL GIGANTE EN RAJASTHAN (VXII D.C.)

RELOJ DE SOL GIGANTE EN RAJASTHAN (VXII D.C.)

Cuando en Lógica, por ejemplo, hablamos de “juicio”, estamos reflejando la unidad de la identidad y la diferencia que, ancestralmente [14] —conforme lo visto hasta aquí—, se habría originado como relación entre el cuerpo de quien experimenta y el gnomon solar exteriormente reproducido por medios no biológicos. Luego ese juicio lo expresamos en la proposición, así como en física lo hacemos con la palanca ideal, mediante “momentos” que dialécticamente pivotean en torno a la idea del Ser tomado como punto de apoyo. Recordemos que Benedetto Croce, [15] afirma que el propio Hegel tomó esta figura de la palanca física para el análisis de la proposición universal y para desarrollar su Lógica de las ciencias.

Carl Gustav Jung define como “sombra” a la totalidad de lo inconsciente, en tanto que, seguidamente, afirma que la “sombra” designa al aspecto inconsciente de la personalidad, caracterizado por los rasgos y actitudes que el “Yo consciente” no reconoce como propios.[16] En resumen, podría decirse que los momentos dialécticos entre los que se debaten los sueños analizados por el Dr. Jung son tomados por analogía directa de la propia ciencia gnomónica. Resulta que la mano humana que fabrica la exteriorización reproductiva del cuerpo por medios no biológicos, cual palanca física libera la palabra. Seguidamente a ello, el lenguaje, haciendo que la subjetividad creciente que se manifiesta en el mecanismo de la proposición en torno al Ser, se hace indisociable de la tecnicidad y de la proteticidad con la que, en una vuelta sobre sí mismo, además de reconstruir el cuerpo, le otorga consistencia a las ideas, a los sueños y a los sentimientos. Recordemos de paso que prótesis es pro-tesis o “aquello que se pone delante y afuera de aquello de lo cual se le coloca”.

En consecuencia, hoy nuestra hibridación como especie única consumada ya no es como otrora lo fue con el Homo neanderthalensis ni tampoco con el Homo denisovano o chinensis. Es, en todo caso y a consecuencia de aquella primera reproducción material del cuerpo con un palo, la hibridación con la propia tecnología que casi imperceptiblemente se ha constituido en prótesis de la nueva especie, en la que nos reproducimos de una manera tan especial, que ningún otro animal supo lograr. Tan especial como la otredad, el Ser y la reflexión.

Todo comenzó a partir de la reproducción de nuestro propio cuerpo con un palo, poste o lanza (la lanza es más antigua que el hombre moderno) con el claro propósito de reemplazarlo en su función gnomónica para que operase en consecuencia, cual instrumento productor de sombras exterior e independiente. Luego de esto sucedió que ese palo, poste o lanza se convirtió en menhir, estela antropomorfa, y cuerpo inorgánico social (CIS). Dicho todo esto y considerando que la hibridación con variantes humanas diferentes ya extintas en latitudes y ambientales diversos dio lugar a nuevas variantes fértiles; y que para que ese apareamiento haya sido concurrente a tal fin, las complejidades de unos y otros tuvieron que ser más o menos parejas, estimamos que solo hay una especie humana originada en África dentro de un proceso de encefalización creciente. La especie humana supo emigrar en diversas oleadas en tanto continuó su formación, hasta alcanzar la plena consumación del hombre moderno, surgido como resultado de los cruzamientos de la última versión africana con las variantes encontradas a su paso.[17]

En tal sentido, ponemos énfasis en que el carácter excluyentemente moderno y diferenciador del hombre se encuentra en el uso que la especie hizo del cuerpo propio como gnomon solar y en la sapiencia para determinar que, por su condición recta y vertical, es justamente un consumado instrumento gnomónico solar. Con el paso del tiempo y a finales del paleolítico superior, el cuerpo aparecerá exteriorizado como gnomon solar material plantado en el suelo. De esta manera, cada uno de los especímenes humanos hallados y debidamente clasificados como diferentes especies, no serían más que los marcadores de diferentes estadios evolutivos de una única y compleja especie tecno-biológica en continuo desarrollo encefálico y postural. Tales marcadores, diferenciados por la geografía (latitud y altura solar) y el tiempo, en el camino hacia la total consumación como hombre moderno (HM), luego del cruzamiento con las oleadas más nuevas de África, dieron lugar al Homo sapiens sapiens, conocedor y experimentador de la disciplina gnomónica (Homo sapiens gnomónico).

En este proceso, el hombre anterior o arcaico, no habría dejado de cruzarse con las variantes más evolucionadas. Por el contrario, de cada encuentro entre estadios cercanos, el apareamiento pudo ser, incluso, un nivelador de conflictos que habría contribuido a la preservación genética pretérita, hoy verificada en nuestro código.

RELOJ SOLAR DE PRECISIÓN

RELOJ SOLAR DE PRECISIÓN

Concluimos entonces que en todos los sitios arqueológicos se evidencia la relación que tienen con el cielo y “[…] el uso del gnomon solar como medio de traer el cielo a los pies valiéndose de las viboreantes sombras proyectadas”. El hecho de que tal instrumento se asocie solamente con el hombre llamado «moderno» y que en el continente africano se hallan los gnómones solares más antiguos, nos permite concluir en que se puede clasificar a la especie en relación con la posibilidad de experimentación gnomónica. Evidente o posiblemente, la versión última de homo africano pudo ser aquella que al iniciar su salida de África hace unos 200,000 años aproximadamente, hibridó, y, seguramente, lideró al resto de variantes humanas, orientándose mediante las sombras en el necesario camino hacia consolidación y consumación definitiva, como especie única y gnomónica que finalmente derivó en el ente gnomónico que se interroga por el Ser. Resumiendo, entonces, desde la mirada gnomónica proponemos el reconocimiento de un primer tipo humano —“el gnomon anthropos”— que, mediante experimentación corporal gnomónica, se convierte en “Homo sapiens gnomónico”. Luego, merced a la reproducción material y exterior del cuerpo (Homo faber), y mediante una nueva forma de experimentar la gnomónica, se hace a sí “ente gnomónico que se indaga por el Ser” y se piensa como Ser (Homo filósofo), a la vez que lo reproduce como ente (razón instrumental) y simultáneamente lo niega

 

Bibliografía

  1. Aristóteles, Metafísica, Ediciones Libertador, Buenos Aires, 2003.
  2. Calvino, Rubén, “Il corpo umano come primo gnomone solare”, Orologi Solari, No.15, 2017.
  3. _______, El hombre gnomón zoológico, Editorial Utopías, Ushuaia, 2014.
  4. Caso de los Cobos, Guillermo, “Diferencias morfológicas entre los homínidos y los humanos modernos” en Terra Antiqvae (https://terraeantiqvae.com/m/blogpost?id=2043782%3ABlogPost%3A311353). Consultado el 20/04/2018.
  5. _______, “Los humanos modernos y los denisovanos se mezclaron no una, sino dos veces” en Terrae Antiqvae (https://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/los-humanos-modernos-y-los-denisovanos-se-mezclaron-no-una-sino-d). Consultado el 20/04/2018.
  6. Castaño Sánchez, Luís, “Metrología histórica, canon original y gran pirámide” en Terra Antiqvae (https://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/metrologia-historica-canon-original-y-gran-piramide#.V5MxntKLRM). Consultado el 20/04/2018.
  7. Croce, Benedetto, Lo vivo y lo muerto en la filosofía de Hegel, Ediciones Imán, Buenos Aires, 1943.
  8. Diago Vinadé, Ana Carmen, “El comportamiento humano moderno nació en África y no en Europa” en Antropohistoria (https://www.antrophistoria.com/2016/02/el-comportamiento-humano-moderno-nacio.html?m=1). Consultado el 21/04/2018.
  9. “¿El ser humano se domesticó a sí mismo?” en Noticias de la Universitat de Barcelona (http://www.ub.edu/web/ub/es/menu_eines/noticies/2018/02/027.html). Consultado el 21/04/2018.
  10. Ferrater Mora, José, Diccionario de filosofía. Tomo II, Lozada, Barcelona, 2001.
  11. Heidegger, Martin, Ser y tiempo, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009.
  12. Joja, Athanase, La dialéctica y las ciencias, Juárez Editor, Buenos Aires, 1960.
  13. Jung, Carl Gustav, El hombre y sus símbolos, Caralt Editor, Barcelona, 1984.
  14. Stiegler, Bernard, La técnica y el tiempo, Hiru, Hondarribia, 2002.
  15. Samaja, Juan, Dialéctica de la investigación científica, Helguero Editores, Buenos Aires, 1987.

 

Notas

[1] Calvino, “Il corpo umano come primo gnomone solare”, ed. cit., p. 30.
[2] Vid. Diago Vinadé, “El comportamiento humano moderno nació en África y no en Europa”, ed. cit.
[3] Castaño Sánchez, “Metrología histórica, canon original y gran pirámide”, ed. cit.
[4] Heidegger, Ser y tiempo, ed. cit., p. 17.
[5] Stiegler, La técnica y el tiempo, ed. cit., p. 175.
[6] Ferrater Mora, Diccionario de filosofía, ed. cit., p. 1273.
[7] Aristóteles, Metafísica, ed. cit., p.19
[8] Samaja, Dialéctica de la investigación científica, ed. cit., p.106
[9] “¿El ser humano se domesticó a sí mismo?”, ed. cit.
[10] Caso de los Cobos, “Diferencias morfológicas entre los homínidos y los humanos modernos”, ed. cit.
[11] Samaja, op. cit., p. 76.
[12] Stiegler, op. cit., pp. 213, 285.
[13] Calvino, El hombre gnomón zoológico, ed. cit., p. 67.
[14] Joja, La dialéctica y las ciencias, ed. cit., p. 103.
[15] Croce, Lo vivo y lo muerto en la filosofía de Hegel, ed. cit., pp. 25 y 26.
[16] Jung, El hombre y sus símbolos, ed. cit., p. 170.
[17] Caso de los Cobos, “Los humanos modernos y los denisovanos se mezclaron no una, sino dos veces”, ed. cit.