Revista de filosofía

Caradura

160

PORTADA: FOTOGRAFÍA DE ADAM MARTINAKIS

 

“MAMA HABUELITO” Esto es lo que escribe Horacio cuando le presto mi cuaderno y mi pluma. Horacio hace varios días que me ve, que me vigila con una mirada dura que proviene seguramente de otro mundo, hoy se decide a hablarme y tengo miedo; un miedo aterrador, un miedo a que me mate, imagino sus manos sobre mi cuello, o a que me saque un ojo, especialmente cuando le pregunto si quiere escribir y le presto la pluma; sin embargo se que ha esperado tal vez meses para hablarme y no puedo echar todo a perder si salgo corriendo como realmente tengo ganas; Luego comprendo que es mío el miedo de la muerte que Horacio trae dentro, porque Horacio está muerto. Ese día me habla de los alemanes, me informa que él viene de Alemania, y que su madre lo puso en la cámara de gas, para que ahí respirara. Yo no pude dejar de decir: ¡eso es terrible! Y él repitió:

-“Eso es terrible”.

-“Hay muchos libros, son de anatomía, se los regalé a un amigo”, dice después…

-“¿Estudió Usted medicina?, sí”… un susurro inaudible llena todos los espacios.

FOTOGRAFÍA DE ANDREA TORRES BALAGUER

Traté de poner atención para saber quién era yo para él y entre los murmullos que emite dice que hay psicólogos malos, sin embargo no me siento incluida en esta categoría sino que es precisamente porque percibió en mi algo diferente que me habla ¿qué lo decidió a hacerlo hoy?

“Me gustaría cabalgar”, dice después: “¿Sabe montar?, es bonito, se puede aprender”.

De pronto advierto que se trata de una alusión sexual, y él empieza a hablar de Eva y de la manzana. Eva María es la mujer de la que se enamoró y aclara que esto no es cosa de Dios.

-“Eva está muerta, la mató Espíndola, ¡cómo pienso en Espíndola!”.

Su mirada es de odio, de rencor de muerte, su rostro duro se endurece aún mas,

-“Lo mataría, ¡que manera de matar tienen!”

-“El era de los americanos, o de los revolucionarios, de los que no me dejaron estar, de los que me echaron”.

Entonces yo pienso que si Eva está muerta, también Horacio está muerto, ¿en qué guerra se habrá enfrascado? Pienso que en mí revivió algo de Eva, algo del orden del deseo sexual, en relación a la posibilidad e imposibilidad de vivir. Horacio se levanta y se va, sin decir una palabra más. No era a mí a quien quería matar.