Revista de filosofía

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Psicoanalista, Miembro de la escuela lacaniana de psicoanálisis. Estudió psicología en la UNAM donde trabajó durante muchos años en la Facultad de Medicina (Departamento de psicología médica) y en la Facultad de Psicología. Su interés por los excluidos la llevó a ejercer la clínica, investigación y enseñanza durante dieciocho años en el hospital psiquiátrico de Villahermosa, Tabasco, donde publicó Diario de la locura, libro que es una narrativa de su experiencia de su relación con la locura. Actualmente ejerce el psicoanálisis.

Posts byCarmen Tinajero

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Decidir ser loco

José es un paciente del hospital psiquiátrico que vive inmerso en una locura trágica, parece un animal al que han conducido al encierro en tres ocasiones, encadenado en los hechos que parecen rebasarlo…

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Yo soy hija de crianza

Ana luce como una mujer avejentada, despeinada; su edad es impredecible y su cuerpo traduce la tragedia muda de la soledad. Deambula por la sala, y me dice que quiere pintar, como si buscara dejar una huella de su paso por la vida. Ana se había acercado a mí antes pidiéndome algo: café, dinero, un refresco, pero ahora me dice que quiere hablar y comienza con una frase contundente:

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Mariela

Conocí a Mariela en la sala de mujeres, no había nada que me ligara a ella, la sentía lejana, pero toqué sus manos, buscando el contacto y ella fue sensible a eso. Me dijo: “¿Tiene usted calentura?” Y yo no supe qué responderle, pero advertí que su presencia tan niña en un hospital psiquiátrico me alteraba.

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María de las Mercedes

–Aquí, al hospital psiquiátrico, he venido tres veces, pero nunca me había internado, es que desde como a los once o doce ya me rayaba los brazos, descubrí que cuando estaba triste el dolor me quitaba el dolor. (Es como la medicina homeopática, pienso yo, un clavo saca otro clavo).

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¡Desperté!

Yo pasé muchos años de culpa por “mis aberraciones” porque de que cometí aberraciones sí, eso nunca se me va a olvidar, y de vez en cuando aparecen en mí como la comezón, como algo que sigue un poco vivo porque se hace presente para molestarme así de a poquito. Pero de que la dejé, sí las dejé.

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¿Existo?

¿Quién es Jorge de la Fuente? Se pregunta él mismo. ¿Jorge Alberto de la Fuente existe? ¿Con quién está hablando doctora? Él está muerto, existió, ciertamente. Yo estoy vivo.