Revista de filosofía

Aproximaciones entre Benjamin y Foucault en la crítica al concepto de historia

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Resumen

Se sabe muy bien que durante toda su obra Michel Foucault hace muy pocas referencias a Walter Benjamín. Sin embargo, existen diversas temáticas que los acercan, una de ellas es el tema de la historia, o la importancia de la historia para entender la experiencia de la modernidad. Resulta que está temática es sustancial para la filosofía del siglo XX, por eso en este trabajo veremos cómo la historia se vuelve un objeto de estudio de la filosofía para luego detallar cómo ambos autores se aproximan tan estrechamente en el despliegue de esta temática, pues ambos a través de la crítica al concepto de historia lanzan una crítica a las implicancias socio-políticas de la concepción estrictamente cronológica del tiempo.

Palabras clave: Benjamin, Foucault, Nietzsche, historia, historicismo, Jetztzeit.

 

Abstract 

It is well-known that during all his work Michel Foucault makes very few references to Walter Benjamin. Nevertheless, there are several themes that bring them together, one of them is the topic of History, or in other words, the importance of history to understand the experience of modernity. It turns out that this topic is substantial for the philosophy of the twentieth century, so in this research work we will see how History becomes an object of study for Philosophy and afterward detail how both authors approach so closely in the deployment of this topic, since both by means of criticism of the concept of history, they criticize the socio-political implications of the strictly chronological conception of time.

Keywords: Benjamin, Foucault, Nietzsche, history, historicism, Jetztzeit.

 

La historia como objeto de la filosofía

Voy a empezar cronológicamente, y si ese es el caso, pues es hablar sobre Nietzsche y su pensamiento; que representó una crítica profunda a la razón occidental (criticó a la ciencia y a su método), así como una disección de las categorías dominantes en la filosofía, (atacó a la religión, la moral, Dios y el Estado). Uno de los conceptos que observó fue el de historia, o para ser más preciso, el concepto hegeliano de historia.

Para Hegel la historia es el lugar para la realización de la libertad del Espíritu. La filosofía de la historia es la reflexión sobre el espíritu que dirige el devenir de la historia, pues para Hegel la historia universal es un conjunto de fases o épocas que se van sucediendo temporal y dialécticamente en un progresivo avance hasta el establecimiento del Estado, que considera la única forma en la que los individuos viven plenamente en libertad.

Para Hegel, la historia puede estudiarse desde dos puntos de partida. El uno es desde lo histórico enfocado en los hechos empíricos y el otro desde lo filosófico enfocado en el desarrollo de las ideas y pensamientos; sin embargo, esta no es una división fáctica pues él también advierte que esta dicotomía es falsa, y que más bien existe un movimiento dialéctico entre ambos, de manera que: lo empírico está contenido en nuestra subjetividad y viceversa.

Hegel a diferencia de Kant, para quien la historia es el proceso continuo hacia el progreso posibilitado por la Razón, sostiene que la historia tiene un a priori, un espíritu que la dirige hacia la libertad. La historia se trasformó en ciencia, en un saber que postula la necesidad de “objetividad”. De ese modo, se priorizó una forma de contar la historia y esta es precisamente la forma del poder. A este concepto de historia, lineal y de continuo progreso, Nietzsche lo juzga, anteponiendo su utilidad para el presente, ve una contradicción entre la historia (vista como la contemplación de lo pasado) y la vida (vista como actividad, fuerza, intensidad y emergencia de lo actual). También en Nietzsche uno se aleja de la supuesta objetividad y se parte de la subjetividad, nos menciona que a través de ella “[…] el hombre sí podría hallar la utilidad de la reflexión histórica, mediante la comprensión del sentido de las luchas pasadas como modo de intervención heroico contra su tiempo”.[1]

Para Nietzsche, la historia se percibe en las luchas y el progreso viene dado como condición de la lucha y la resistencia, no asume la tesis hegeliana del devenir racional de una historia universal. Nietzsche considera que a la historia se la debe ver en perspectiva, es decir, primero negando a los discursos y relatos históricos como neutrales, objetivos y universales. “Se trata entonces de rastrear al sujeto que habla y que cuenta la verdad, que cuenta la historia, “[…] quien recupera la memoria y conjura los olvidos”.[2]

Esa consideración busca devolver la voz a quienes no la han tenido y de dar cuenta que no hay un sentido a priori en la historia. Denuncia cómo por la fuerza se impuso un discurso dominante y a la vez se han aplastado otros, denuncia cómo esa imagen de progreso no es sino el maquillaje de unas ruinas o, como lo dijo Benjamin posteriormente, cómo “[…] no hay testimonio de la cultura que no sea al mismo tiempo un testimonio de la barbarie”.[3]

 

Benjamin y su crítica al uso de la huniversal

La crítica que realiza Walter Benjamin al discurso materialista histórico, incluye también una crítica al tiempo histórico (sustentado en la idea de progreso). Es indispensable para Benjamin acercarse a la historia desde una posición crítica, para erigirla como una herramienta revolucionaria. Sin embargo, para conseguir esto, debe atacar a ese método historicista. Benjamin nos habla de una discontinuidad histórica que se opone claramente a la continuidad de la historia. Así también postula la imposibilidad de una historia universal, sino más bien de una pluralidad histórica. Pero en su caso una posible salida del discurso histórico hegemónico lo halla en el discurso del materialismo histórico.

Con sus reflexiones sobre el Concepto de Historia, Benjamin introduce en la filosofía un nuevo tipo de discurso reflexivo, que además critica los fundamentos del discurso comunista. Benjamin se ha constituido en uno de los más agudos críticos de la cultura y la vida moderna. Lo que se propone sus tesis sobre el concepto de historia es, según Bolívar Echeverría:

[…] sacar de sus escondites al “enano teológico” que es el secreto de la eficiencia discursiva del materialismo histórico. Ha llegado el momento, dice, de que el discurso histórico materialista, (…) reconozca y asuma que, en lo profundo, lo principal de él es el momento teológico, es decir la acción en él, implícita pero determinante, de una tematización de algo así como “lo divino”.[4]

Benjamin resignifica la noción de historia, para enfocarla y permitirse pensar en términos de emancipación. Concibe que el materialismo histórico debe constituirse en un espacio para pensar las cosas que el proyecto ilustrado había cerrado, por ejemplo, la noción del progreso, noción a la que caracteriza como tempestad. Todo progreso para Benjamin es un huracán que arrastra todo hacia un futuro y que deja detrás un cúmulo de ruinas. En esta metáfora la tempestad arrastra al Ángel de la Historia, que mira el pasado, en donde ve los restos de la historia como catástrofes, y como una suma de desechos, con los que nadie hace nada; y dicho Ángel, mientras mira esos desechos, es arrastrado por una tempestad hacia el futuro.

Es hora de hacer algo con esos desechos nos dice Benjamin y se pregunta ¿en qué medida esas voces del pasado están presentes en nosotros? “¿Acaso no nos roza, a nosotros también, una ráfaga de aire que envolvía a los de antes?”[5] Afirma que el pasado tiene un derecho sobre nosotros, y es nuestro deber reconocerlo ya que los hechos del pasado han trabajado para que el presente tenga lugar. Considera así que el materialismo histórico es la única forma de historia que permite rendir homenaje a ese pasado y a ese conjunto de voces olvidadas.

Benjamin habla de la historia de los vencidos, de aquellos hechos que se olvidaron en el “relato universal”, y postula que el discurso de la historia como teleología sucumbe rápidamente ante la evidencia de que no existe tal “dirección única”, y que el tal progreso, no es tal, sino solo bienestar de unos cuantos.

Afirma que existen dos narrativas de la historia que compiten entre sí; por un lado, la historia de los triunfadores, y por otro la historia del materialismo histórico. Detecta una especie de lucha de clases en la forma como se aborda la historia, manifestadas en la lucha por cómo abordar el pasado. La historia crítica se auto concibe, entonces, como una herramienta que permite las luchas. Plantea que “el materialista histórico se aparta de ella (de la historia oficial) en la medida de lo posible. Mira como tarea suya la de cepillar la historia a contrapelo”.[6] Esta forma de hacer historia a contrapelo viene a constituirse en un rescate de la “pequeñas historias”.

El historiador materialista reivindica, libera y redenciona la lucha de los derrotados de ese ayer para traerlo al hoy. Benjamin nos habla de un “tiempo-ahora” (Jetztzeit) como oposición a la noción dominante del tiempo (un tiempo entendido como linealidad y como algo ya cerrado, como algo ya acabado, un tiempo que sirve al historicista vencedor para legitimar su presente). El tiempo-ahora es el origen y la meta a la vez; Benjamin dice: “La Revolución Francesa se entendía a sí misma como un retorno a Roma. Citaba a la antigua Roma tal como la moda cita a un atuendo de otro tiempo”.[7] Con este ejemplo se pretende esclarecer la conciencia de hacer saltar el continuum de la historia, conciencia que considera necesaria en la clase revolucionaria y en el instante de su acción.

El historiador, para Benjamin, debe ser un “flanneur”, alguien capaz de recuperar las voces de los vencidos y de, además, recuperar lo contra fáctico, como los sueños, que es recuperar a la vez las imágenes o los recuerdos involuntarios de la humanidad para traerlos al presente.

De esa manera se quiere detectar las tensiones existentes en la Histórica para contradecir la concepción de tiempo lineal, que es aquel tiempo que se sucede en progresiva continuidad. Benjamin lo que busca, a través de su concepto de tiempo-ahora, es redimir al presente, trastocarlo como momento dialéctico y quitarle de encima su utilitarismo:

“Contra la tempestad del progreso y “el tiempo vacío y homogéneo como un vestíbulo”, el tiempo-ahora (Jetztzeit) se opone a la idea del presente como continuación vulgar, para la interrupción mesiánica del acontecer. Habremos de disparar a los relojes para suspender el tiempo y concebir una relación dialéctica (y no lineal) entre lo sido y lo actual, para conseguir dar un salto en este desorden de imágenes involuntarias que rememoramos”.[8]

La discontinuidad del tiempo que propone Benjamin es un intento por captar lo efímero, lo contingente, lo fugitivo. Benjamin, a través de su concepto Jetztzeit o Tiempo-Ahora, nos comparte un objetivo, que consiste en que reduzcamos a escombros el continuum de la historia, el historicismo y la idea de progreso. Que de alguna forma son tres conceptos muy importantes en la consecución y desarrollo de lo que conocemos como la modernidad.

 

Foucault: crítica e historia

THOMAS HIRSCHHORN, “FOCAULT MAP” (2004)

Michel Foucault, entre sus diversas temáticas, abordó también una particular critica al concepto hegeliano de historia. Foucault piensa a la historia desde el origen de la producción del relato, conspira contra la presunta objetividad de la historia oficial; “toda historia, para él, será definitivamente la manifestación de una perspectiva que pretende alzarse con la totalidad y la neutralidad”.[9]

Su perspectiva provocaría que la historia se piense desde la ruptura en varias historias; de los vencedores, de los vencidos, de los anónimos, de los anormales. Lo que surge de esa ruptura es una contrahistoria, que la interpreta como una amenaza al poder. El discurso histórico para Foucault garantiza la plena operatividad del poder, restituye el historicismo político, es decir, las relaciones de poder y dominación que se ocultan detrás de discursos políticos como los derechos humanos y la soberanía. Foucault expresa que: “[…] las nuevas concepciones en la epistemología de la historia no se piensan ya en términos de continuidad y globalización sino en discontinuidad y particularidad […] Una multiplicidad de “pequeñas historias” que coexisten al mismo tiempo”.[10]

La crítica de Foucault al historicismo encuentra su punto más álgido al enfrentarse con los postulados de Hegel. Para Hegel la historia posee un desarrollo dialéctico que en últimas se traduce en pensar la historia como una continuidad. En cambio, Foucault plantea una historia discontinua y crítica que encuentra su sentido histórico en la ruptura de los cimientos de realidad, identidad y verdad que le fueron adjudicados durante la modernidad.

En el texto Historia de la sexualidad, Foucault se aleja del análisis historicista y busca su propio proceso metodológico, en las que destaca “las instancias de producción discursiva (que ciertamente también manejan silencios), de producción de poder (cuya función a veces prohibir), y las producciones de saber (que a menudo hacen circular errores o ignorancias sistemáticos)”.[11] La genealogía es utilizada como herramienta metodológica que le permite negarse a buscar la continuidad, como lo hacían los discursos historicistas.

La genealogía de la historia está asentada sobre las ideas de la dispersión, discontinuidad histórica y crítica a la idea de progreso. Este uso crítico posibilita la ruptura con los lenguajes universales que delinean el ideario del progreso, y también aseguran que la visión lineal se vea sobrepuesta por una fragmentación histórica. De esta forma se deconstruyen los discursos historicistas, constituidos como los discursos hegemónicos, y dan forma a otros discursos subalternos: “Por un lado se aprecia la idea de la discontinuidad, de la ruptura con el continuum temporal, y por otro, el cambio del productor del discurso histórico, del constructor de la continuidad histórica: Foucault habla de los sujetos subordinados, sujetos que son productores de saberes que habían sido descalificados por las posiciones dominantes”.[12]

Foucault se acerca a la historia desde su relación con el presente, y todos sus análisis están atravesados por la pregunta ¿Cómo hemos llegado a ser lo que somos? La historia le interesa porque es un punto de partida, un lugar que debemos romper para enfrentarnos a nuestra actualidad. Foucault inventó una relación con la historia completamente distinta a como se lo hacía, este acercamiento podría determinarse como un cierto antihistoricismo. Para este autor la historia sirve para mostrar la actualidad, permitir pensarnos a nosotros mismos.

¿De qué manera las propuestas de Benjamín y Foucault llegan a constituirse como una instancia de ruptura con la modernidad?

Podemos apuntar que tanto en Benjamin como Foucault se aprecia la idea de la ruptura con el continuum temporal, con el historicismo como método único para estudiar la historia. Benjamin, poseedor de una herencia marxista, propone el análisis a partir del tiempo histórico y Foucault, anclado a la denominada escuela posestructuralista, propone como metodología la discontinuidad histórica. De igual manera ambos autores le dan valor a un nuevo productor del discurso histórico; Foucault habla de los sujetos subordinados o subalternos y Benjamin hace referencia a la memoria de los sin nombre.

Entonces, para ambos el discurso histórico será recuperado en tanto sirva para mostrar las relaciones de poder del presente, es decir, la crítica al discurso historicista nunca estará desligada del momento de donde se genera.

Como se ha demostrado, la crítica que se realiza al discurso historicista no puede desvincularse del momento de su decir, y, en ese sentido, se relativiza el sentido de la historia ya que no se puede hablar de un solo sentido, sino de varios. Dichos sentidos que son rescatados por los autores expuestos repercuten en las luchas actuales.

Ambos autores están de acuerdo en revolver en los bajos fondos de la historia para que de allí emerjan las luchas y que de esa manera sean cuestionadas nociones como la verdad, el progreso, la razón. Ambos autores, coinciden en que la historia está marcada por la ley y el derecho de cada época, y no se entiende nada sino en relación a las luchas. No existe por tanto un sentido universal de la historia, ni existe una meta única (denominada progreso), sino más bien fuerzas y sus resistencias, y dada esa particular circunstancia se debe restituir el sentido a los relatos contados desde lo marginal. “Ambos autores nos proponen enfrentarnos a la multiplicidad, (…). Foucault definirá este proceso como el “retorno de saberes”, después de haber borrado el sentido y la historia universal con mayúsculas, que la filosofía había heredado de Hegel. Se trata entonces de hacer decible el saber de gentes, de citar la palabra del infame, del loco y el excluido”.[13]

Ahora bien, ambos autores también han desarrollado reflexiones para poner al descubierto y contradecir las implicancias socio-políticas de la concepción cronológica del tiempo.

Tanto Walter Benjamin -en su texto Sobre el concepto de historia-, como Michel Foucault -con sus reformulaciones metodológicas relativas a la arqueología y a la genealogía- han intentado hacer efectiva una modalidad de trabajo de tipo filosófico histórico que no sea solidaria de la concepción de tiempo histórico cronológico; es decir, que no sea cómplice de un tiempo vacío y homogéneo representado por una única línea sucesiva, compuesta por puntos inextensos geométricos; un tiempo delineado por un supuesto progreso.[14]

Benjamin asoció su crítica a una condición revolucionaria, y también la enlazó a la experiencia moderna, enfocado sobre todo en los efectos del hombre en su relación con la ciudad. Lo mismo Foucault, ha criticado la concepción histórica del tiempo y también ha llamado la atención sobre la gestión espacial del mundo en la vida moderna y ello nos conduce nuevamente a la experiencia de vida en la ciudad. La gestión espacio-temporal ha sido estudiada de la siguiente manera:

En el caso de Benjamin es notoria la atención que presta a la espacialidad en su obra Sobre algunos motivos de Baudelaire, en donde vemos que detalla el modo en que el espacio en las ciudades se comenzaba a distribuir. Se analiza así el modo como esa espacialidad particular ejerce un control sobre los ciudadanos, y cómo se van interiorizando determinadas concepciones en la vida sensorial de las personas a través de las experiencias. Dice Benjamin: “A las experiencias táctiles (…) se le añadieron las ópticas, como las que traen consigo la página de anuncios de un periódico y el tráfico de una gran ciudad. Moverse en éste condiciona a cada uno con una serie de shocks y de colisiones. En los cruces peligrosos le contraen, iguales a golpes de batería, rápidos nerviosismos”.[15]

Por su parte en Foucault, la conformación espacio-temporal de las ciudades modernas, está caracterizado por la creación de las instituciones modernas de disciplinamiento o dispositivos de encierro y su relación con el ser humano. Estas instituciones modernas son las que posibilitan un proceso de disciplinamiento en el cuerpo social que se sostiene sobre dos ejes según el autor: el arte de la distribución espacial y el control temporal de la actividad.

En esta línea, Foucault trae a debate la idea del “panoptismo”, que es un modelo institucional que describe el funcionamiento y operatividad de las concepciones de espacio y de tiempo a través de las cuales se organizó la lógica socio-política moderna. “en el individuo la sensación de estar vigilado constantemente, llevándolo así a autovigilarse o autocontrolarse. En definitiva, la “auto”-referencia –es decir, la relación de uno para consigo mismo-, se gestiona a través de una estricta técnica de disposición espacial y su correlativa e incesante puesta en juego de la temporalidad -vigilante-”.[16]

Bibliografía

  1. Benjamin, Walter, “Sobre algunos temas en Baudelaire” En Poesía y Capitalismo, Iluminaciones II, Taurus, Madrid, 1998.
  2. ______________, “Sobre el Concepto de Historia” En Tesis sobre la Historia y otros Fragmentos, Desde Abajo, Bogotá, 2013.
  3. Beresñak, Fernando, “Benjamin y Foucault. Senderos críticos de “nuestra” -aparente- cronológica temporalidad” en Memorias II Seminario Internacional Políticas de la Memoria, (http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2010/10/mesa-21/beresnak_mesa_21.pdf) consultado el 30 de Julio de 2019.
  4. Castro-Gómez, Santiago, Crítica de la Razón Latinoamericana, Puvill, Barcelona, 1996.
  5. Echeverría, Bolivar, Tesis sobre la Historia y Otros Fragmentos, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, 2013.
  6. Foucault, Michel, “¿Qué es la crítica?” En Sobre la Ilustración, Tecnos, Madrid, 2006.
  7. ______________, La historia de la sexualidad. Tomo 1, Siglo XXI, México, 1989.
  8. Nietzsche, Friedrich, La genealogía de la Moral, Alianza, Madrid, 2002.
  9. Ramos, César y Bernardez, Verónica, “Usos y desusos de la historia en Nietzsche, Foucault y Benjamin” en V Jornadas de Jóvenes Investigadores, Buenos Aires: Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, 2009 (https://www.aacademica.org/000-089/128.pdf) Consultado el 9 de agosto de 2019.
  10. Rosero, Alvaro Chamorro, “El tiempo histórico y la discontinuidad histórica: disertación teórico-metodológica para la comprensión de los discursos ocultos” en Acta Científica, XXIX Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, 2013 (http://actacientifica.servicioit.cl/biblioteca/gt/GT16/GT16_ChamorroRosero.pdf) Consultado el 5 de agosto de 2019.

 

Notas

[1] César Ramos et al, Usos y desusos de la historia en Nietzsche, Foucault y Benjamin, ed. cit., p. 2.
[2] Ibid., p. 5.
[3] Walter Benjamin, Sobre el Concepto de historia, ed. cit., p. 23.
[4] Bolivar Echeverría, Tesis sobre la Historia y Otros Fragmentos Walter Benjamin. ed. cit., p. 15.
[5] Walter Benjamin, Sobre el Concepto de historia, ed. cit., p. 20.
[6] Ibid., p. 23.
[7] Ibid., p. 29.
[8] César Ramos et al, Usos y desusos de la historia en Nietzsche, Foucault y Benjamin, ed. cit., p. 10.
[9] Ibid., p. 2.
[10] Santiago Castro-Gómez, Crítica de la Razón Latinoamericana, ed. cit., p. 35.
[11] Michel Foucault, La historia de la sexualidad. ed. cit., p. 20.
[12] Alvaro Rosero Chamorro, El tiempo histórico y la discontinuidad histórica: disertación teórico-metodológica para la comprensión de los discursos ocultos, ed. cit., p. 9.
[13] César Ramos et al, Usos y desusos de la historia en Nietzsche, Foucault y Benjamin, ed. cit., p. 7.
[14] Fernando Beresñak, Benjamin y Foucault. Senderos críticos de “nuestra” -aparente-cronológica temporalidad, ed. cit., p. 2.
[15] Walter Benjamin, Sobre algunos temas en Baudelaire, En Poesía y Capitalismo. Iluminaciones II, ed. cit.
[16] Fernando Beresñak, Benjamin y Foucault. Senderos críticos de “nuestra” -aparente- cronológica temporalidad, ed. cit., p. 6.